sábado, 17 de junio de 2017

El anillo de boda de la muerta


En Joachimstal, en la región de Angermünde, murió una mujer casada. El marido tuvo gran sentimiento, le hizo un buen entierro y la llevó al camposanto. Mas antes de meter el féretro en la tumba, y al descubrirla, tomó el anillo de boda de la mano de la muerta para conservarlo. Una vez hecho esto y dado tierra al cadáver, regresó a su casa. Guardó el anillo en una caja y se dispuso a acostarse, porque ya se había hecho de noche. 

Sin embargo, el dolor no le dejaba reposar y estaba completamente desvelado. Tenía las ventanas de su habitación abiertas y en un momento vio, lleno de sorpresa, que a través del jardín venía una forma blanca, que pronto reconoció como su mujer. No se atrevió a moverse y vio cómo la aparición entraba en la casa y andaba por las habitaciones, como buscando algo. Después desapareció.

El campesino, a la mañana siguiente, atribuyó lo que viera a un sueño o a una fantasia. Por la noche, sin embargo, volvió a suceder lo mismo: llegó la mujer, entró en la casa, y buscaba y buscaba. Creyó el asustado hombre oír como suspiros y una voz entrecortada que decía lastimeramente: "¡Mi anillo! ¡Mi anillo!"

Esto se repitió una noche más. Hasta que el campesino, creyendo que fuera el anillo de boda lo que la muerta buscaba, lo sacó de la caja en donde lo había guardado, fue al cementerio y lo metió junto a la tumba de su mujer, todo lo hondo que pudo. La aparición no volvió a la casa y el marido comprendió que la mujer había alcanzado ya el reposo. 

Leyenda popular alemana

domingo, 11 de junio de 2017

Los anónimos ritmos del dolor

Caricatura de Carla Witte
 
LA MUERTE 
 
¡Ah, esta buena Ciencia del infierno! ¡Cómo me divierte! Y este viejo, este gordo y apacibleviejo,limpio, alimentado, de gran vientre cómodo, él siente todavía, este viejo, una especiede alegría: por todos esos jóvenes que mueren. ¡Oh, qué eres dulce a mi alma, vieja carne,cerebro ya vacío de sangre, mejillas colgantes,manos temblorosas, ah!, la Ciencia! ¡Ah! qué bien le viene todo esto a los hombres,perfectamente bien, también para los hijos de los hombres! 
 
De "El destino manifiesto" por Pierre-Jean Jouve, 1916.