martes, 24 de febrero de 2015

Post Mortem LXXXII


Según lo que he podido averiguar acerca de esta fotografía, fue tomada en Argentina hacia el año 1875. Sin duda se trata de un testimonio muy interesante acerca de la fotografía post mortem en el Río de la Plata, un asunto que aún sigue sin ser debidamente investigado por los historiadores de la fotografía y de las mentalidades.

sábado, 21 de febrero de 2015

Al borde de la tumba

El arrepentimiento cristiano halla adecuada expresión poética en el siguiente soneto del poeta español Miguel del Palacio (1831-1906).


Pequé Señor, más no porque he pecado
De vuestra alta clemencia me despido,
Que cuando más hubiere delinquido
Os tengo a perdonar más empeñado.

Si verme pecador os ha indignado, 
Cederéis al mirarme arrepentido;
La misma culpa con que os he ofendido
Os tiene a la indulgencia preparado.

Cuando vuelve al redil de sus amores
Una oveja perdida y recobrada,
En júbilo se inundan los pastores.

Yo soy, Señor, oveja descarriada,
Mirad, Pastor divino, mis dolores, 
Y recobradme al fin de la jornada.

1859

martes, 17 de febrero de 2015

Reflexiones sobre la muerte I


"La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos."
 
Epicuro de Samos, filósofo griego (341-270 A.C.).
Cabe recordar que la misma sentencia ha sido atribuida al político mexicano Diego Fernández de Cevallos, que la repite con frecuencia y al poeta español Antonio Machado, que también la enunciaba, pero el verdadero autor es Epicuro de Samos.

viernes, 30 de enero de 2015

La muerte de Pío XII


Aquél fue también el año en que murió Pacelli: pese a todos los expertos en medicina. Ahora bien, según Pascalina Lehnert, su «carrera con la muerte» había comenzado ya a finales del 53 con un hipo prácticamente incontenible que fue su tormento a partir de ahí; con vómitos continuos; con una continua sensación de malestar. Acudió a él media docena de médicos... y, finalmente, también el Señor, el 1 de diciembre de 1954, que se anunció mediante «una voz». Cuando Pascalina servía el desayuno al día siguiente el «Santo Padre yacía en su cama con sus ojos brillantes y abiertos de par en par». Ella se aproximó al pie de la cama y preguntó asombrada: «'Santidad, ¿qué pasa? —¡Do ve sta Leí adesso, é estato il Nostro Signore'!, fue la respuesta.— '¿Che Signore, padre Santo? pregunté yo —¡'Nuestro Salvador, Jesucristo!'. Yo miré y miré en el rostro transfigurado del Santo Padre esperando una nueva palabra, pero no hubo ninguna más. Entonces me arrodillé —donde, como acababa de decir Pío XII, había estado el Señor— y besé el suelo con la esperanza de que todavía podría percibir algo. Pero todo siguió en silencio...». 

Pues sí, no sólo se le apareció la Madonna en el cielo, sino que ahora también se le aparecía el Señor en el dormitorio: los dos milagros necesarios para una canonización. Y ahora, por supuesto, el «estado de Pío XII experimentó una mejoría vertiginosa»; hasta octubre de 1958, cuando, en su residencia de Castelgandolfo pronunció sus últimas palabras (un asunto afectado siempre de cierta precariedad). «¿Le molestaría, Pater Leiber, que me diera la comunión?», dijo Pacelli con la cortesía que solía usar cuando hablaba con sus empleados domésticos más veteranos a su servicio. Pío XII, no obstante, cayó desmayado y partió de este mundo hasta el nuevo amanecer sin el santo viático. «¡Ahora está contemplando a Dios!», exclamó en un arrebato su asidua asistenta, que nos informa además de que «En ese momento monseñor Tardini entonó en voz alta, casi jubilosa: 'Magníficat anima mea Dominum..!' Todos lo acompañamos y rezamos unidos.— Y después: '¡Salve Regina...!', '¡Sub tuum praesidium!' Luego todos se aproximaron a su lecho de muerte y besaron por última vez las manos, todavía enfebrecidas, del gran retornado a casa. Nadie lloraba».

Algunos miembros de la guardia nobiliaria sufrieron indisposiciones durante el velatorio, pues el otoño era'aún muy cálido y el intento del médico de cabecera papal, Galeazzi-Lisi, un doctor mediocre descubierto por el mismo Pío XII, de conservar el cadáver según un método especial había fracasado lamentablemente pese a que ese método, en virtud de su origen paleocristiano, era en otro tiempo, muy del gusto de «Santidad». Apenas instalada la capilla ardiente en la basílica de San Pedro, se hicieron perceptibles señales evidentes de descomposición y dos cadetes de la guardia nobiliaria palaciega fueron víctimas de un desmayo.

Alarmado a las cuatro de la madrugada, el Dr. Galeazzi-Lisi, que nunca pudo sanar al papa cuando enfermaba de gravedad, («siempre lo salvaban otros») permaneció por lo demás imperturbable. Acorralado en una conferencia de prensa por periodistas duchos en medicina, se zafó brillantemente de las situaciones más dramáticas encadenando argumentos y sin revelar ni un ápice del secreto de su técnica embalsa-matoria. «Hacía auténticos malabarismos con datos históricos, místicos y teológicos; se defendía remitiéndose a los ritos fúnebres paleocristianos y apenas si se arriesgó a hacer digresiones en el ámbito de la medicina o de la química. Al hilo de citas evangélicas demostró que Cristo había sido embalsamado de una manera que se asemejaba a las 'prácticas del ruso Worobiev, de cuyas experiencias se vale actualmente el Kremlin'». De este modo Cristo, su vicario en la tierra, Pío XII, y el Kremlin entraron a su manera en contacto.

De "La política de los papas en el siglo XX" de Karlheiz Deschner; Ediciones Yalde, Zaragoza, 1995.

lunes, 19 de enero de 2015

Post mortem LXXXI



En esta ocasión he seleccionado una notable fotografía victoriana que nos muestra a un niño muerto, en un sillón, junto con sus juguetes preferidos: un aro y un palo con los que realizaba piruetas.

sábado, 17 de enero de 2015

El largo periplo de los restos de Colón


Pobre, olvidado y abandonado de todos, exhalaba Cristobal Colón su último suspiro en Valladolid, el 20 de mayo de 1506. Fue enterrado con su hábito de franciscano en un monasterio de aquella ciudad, desde donde fueron sus restos trasladados a Sevilla y, por fin, en 1537, a la catedrall de Santo Domingo. Descubiertos en 1798, se dispuso su transporte a la catedral de La Habana, donde permanecieron hasta 1898 en que, al perder España la isla de Cuba, fueron recogidos y enviados a la catedral de Granada, donde hoy se hallan, junto al sepulcro de los Reyes Católicos.

De "El Tesoro de la Juventud, o Enciclopedia de Conocimientos" (Tomo IX); W. M. Jackson, Inc. Editores, s/f.

martes, 13 de enero de 2015

El cadáver de Cromwell, objeto de las iras de un rey



Un hecho vergonzoso del rey de Inglaterra, Carlos II (1630-1685) , fué la exhumación del cuerpo de Oliver Cromwell (1599-1658) y de los de su madre, hermana, nieta y algunos de sus generales, sacándoles de sus tumbas de la Abadía de Westminster. Cuando el mencionado rey pudo volver a Inglaterra, y fué coronado, quiso satisfacer su venganza en los cadáveres de Cromwell y los suyos. Oliver Cromwell, llamado el Protector de Inglaterra, había hecho morir en un cadalso a Carlos I, padre de Carlos II, por haber herido los sentimientos del pueblo inglés aliándose con Francia contra Holanda, para asegurarse los subsidios de Luis XIV.

Hizo pues, el vengativo Carlos II desenterrar los cuerpos de los revolucionarios, y puestos en un carretón los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw, que habían sido sus más encarnizados adversarios, se los arrastró a Tyburn, sitio en que se ahorcaba a los criminales. Allí fueron colgados los cadáveres de las horcas, donde quedaron un día entero. Luego, después de bajarlos, se los decapitó y arrojó a un pozo al pie de las horcas. Las cabezas, clavadas a unas lanzas, y colocadas en un lugar elevado, ofrecieron a los ciudadanos un siniestro espectáculo.

De "El Tesoro de la Juventud o Enciclopedia de Conocimientos", (Tomo VIII). W. M. Jackson, Inc. Editores, s/f.