jueves, 14 de julio de 2016

El Cementerio Central de Salto

 

Salto tenía en sus albores un primitivo Cementerio que estaba ubicado en el cuadrado que forman hoy las calles 19 de Abril, Grito de Asencio, Dr. Francisco Soca y Agraciada. En 1853 se había trasladado el Cementerio al lugar que ocupa actualmente, porque el desarrollo edilicio lo estrechaba con su abrazo de casas de material haciendo necesario su clausura. El 1° de marzo de 1853 se bendijo con todas las solemnidades del caso, el nuevo terreno destinado a Cementerio, procediéndose al traslado de los restos depositados en el antiguo. Sita el Cementerio Central sobre la margen derecha del arroyo Ceibal, cerca del puente en construcción en la calle Sarandí. Existen además el Cementerio Inglés para la colectivida anglicana, a los fondos del primero, y a unos tres kilómetros de éstos, en el Barrio Artigas, un nuevo Cementerio que sirve también a la población de Salto.

Del álbum "Salto en su Centenario, 1837-1937"; Casa A. Barreiro y Ramos, Montevideo, 1937.

jueves, 30 de junio de 2016

Post Mortem LXXXVIII: Duerme mi niño...



Duerme mi niño, 
duérmete ya
las estrellitas te alumbrarán...

Duerme mi niño,
 te cantaré
       y con mis canciones te arrullaré...     

domingo, 29 de mayo de 2016

La muerte violenta

 

Estimados lectores del blog: pongo a vuestra disposición en enlace de descarga en formato PDF de la obra La muerte violenta del patólogo argentino Osvaldo Raffo, autorizado por su propio autor. He aquí la reseña de la obra según su propia pluma:

Estimado lectores:

Accediendo a muchas peticiones, finalmente se ha digitalizado un libro añejo, publicado en el año 1980, o sea hace ya 36 años. La intención era ofrecer a los médicos de policía que actuaban, casi siempre en condiciones desfavorables en los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires; un manual de bolsillo y de fácil lectura , como orientación básica, aplicable en casos de muertes violentas. En aquellos tiempos, la documentación médico legal y las publicaciones sobre temas de la especialidad eran escasas. Aconsejado por mi maestro, el profesor Emilio P.F. Bonnet, publiqué este librito. Como colofón, corresponde mencionar el lema del gran detective:”Elemental mi querido Watson”, el cual tiene ahora verdadera justificación, porque la medicina forense de nuestros días ha resuelto numerosos problemas y hace más certera la administración de la justicia.

Osvaldo Hugo Raffo
Médico Legista
Mayo de 2016

Está disponible para descarga libre y gratuita, en formato PDF por ahora, próximamente también Epub. Descargar "La muerte violenta"

jueves, 14 de abril de 2016

El martirio de Santa Inés


Condenada por el juez a ser quemada viva, reunieron un gran montón de leña, le pegaron fuego y, cuando las llamas se agitaban y elevaban en toda su poderosa actividad, arrojaron a la Santa en medio de la hoguera; pero apenas las llamas tocaron al cuerpo de Inés, formaron en torno de ella un gran hueco, y al extenderse por los lados, envolvieron a los circunstantes, mientras que la Santa en el centro permanecía ilesa. Levantó sus manos al cielo, y comenzó en alta voz a orar y bendecir a Dios, y cuando terminó su oración, la hoguera estaba apagada. El pueblo que esto presenciaba, en vez de admirar el poder de Dios y la inocencia de la Santa, ebrio de furor clamaba contra ella, y el juez mandó que la degollasen.

Oyo la sentencia Inés serena y alegre; conducida al lugar del suplicio, parecía un corderillo en medio de lobos; sin embargo, sus tiernos años y su candor hicieron brotar lágrimas de compasión a muchos de los espectadores. El verdugo mismo estaba como indeciso y turbado, e Inés le dijo: "¿Por qué te detienes? No temas matarme, la muerte es para mí el principio de una nueva vida." Dichas estas palabras, oró por un momento, y terminada que fué su oración inclinó la cabeza; el verdugo, algún tanto recobrado, descargó sobre ella el golpe mortal. Aconteció esto en el año 303 del nacimiento de Cristo.

De "Niños santos o Leyendas infantiles" por el P. Francisco Hattler. Herder & Cía. Friburgo de Brisgovia, 1926.

viernes, 8 de abril de 2016

Muerte por incineración


Una impresionante fotografía sensasionalista muestra el cadáver calcinado de un conductor muerto debido a un incendio del camión que conducía. Fue tomada en 1936 por el fotógrafo de prensa Arthur Fellig (1899-1968), alias "Weegee", especializado en la crónica roja para los diarios de Nueva York para los cuales trabajó entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

martes, 5 de abril de 2016

Desinfección de cadáveres


Art. 147 - Las desinfecciones de cadáveres se harán de dos maneras, a saber: cadáveres para autopsias, que se desinfectarán envolviendo el cuerpo en una sábana empapada en una solución fuerte de bicloruro al dos por mil y tapándole la boca, naríz y oídos con algodón empapado en la misma solución, y cadáveres para sepultar, en que se procederá como en el caso anterior y además se colocará una capa de cal viva en el fondo del cajón y, encima del cuerpo.

Art. 148 - Siempre deberá vestirse con el traje especial de trabajo, el desinfectador que se ocupe de estas desinfecciones.

Artículos del Reglamento de Desinfectadores de la "Asistencia Pública de Buenos Aires", 1903.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La más triste mañana


Mi padre enfermó de pronto, se puso grave tres días después, y no hubo esperanza de salvarlo. Fué aquella de su muerte la más triste mañana de mi vida. Aclaraba, llegaba del nuevo día; los árboles y los pájaros lo saludaban... ¡Y mi padre moría!... ¡Todo ajeno a mi dolor! ¡Todo lo mismo que antes! ¡Todo completamente como si yo fuera el mismo niño que ayer!... 

Aquel contraste entre la naturaleza y mi alma, me parecía inexplicable. Inexplicable aquella indiferencia ante el desamparo en que yo quedaba. Salía a cada momento de la casa para andar bajo los árboles, para mostrarles a todas las cosas y a todos los seres mi casa empapada en lágrimas. 

Yo quería que las plantas, los insectos y los pájaros queridos vieran mi dolor al quedar huérfano. En mi inocencia de niño, creí que mi tragedia iba a ser compartida por los pájaros; creí que ellos cantarían tristemene al comprender mi pena.

Pero el sol iluminaba como antes; los pájaros trinaban con la alegría de siempre; las flores no se marchitaban. Me detuve ante una arañita que tejía su tela y ví que no dejaba su trabajo y que tampoco estaba triste. ¿A nadie, pues, le importaba mi dolor, en aquel mundo que yo amaba tanto?... ¿Nadie ni nada comprendía que yo no era el de antes, y que lloraba porque quedaba sin mi padre?...

De "Mangocho" por Constancio C. Vigil. Editoria Atlántida, Buenos Aires, s/f.