viernes, 11 de agosto de 2017

El asesinato de Gustavo Volpe

Gustavo Volpe (1932-1954)

En los hechos policiales más famosos ocurridos en el barrio de la Aguada de Montevideo cabe mencionar la muerte de Gustavo Volpe, un estudiante de medicina de 22 años que iba en un ómnibus por la calle Sierra (actual Fernández Crespo) el 21 de diciembre de 1954. Viendo que del vehículo se arrojaba un delincuente que terminaba de cometer un robo a una pasajera, tras él se arrojó Gustavo persiguiendo al delincuente y derribándolo al suelo. En esas circunstancia, cuando lo tenía sometido, un cómplice de aquel se le acercó por detrás y le asestó una feroz puñalada, cayendo Volpe mortalmente herido en la mitad de la cuadra de Gaboto entre 9 de Abril y La Paz. El matador era un infanto juvenil, por lo cual se creó un Movimiento de Recuperación de jóvenes extraviados, llevando el nombre de "Movimiento Gustavo A. Volpe".

De "La Aguada y su historia" por Walter Scaldaferro. Montevideo, 1967.

sábado, 29 de julio de 2017

A la muerte

 
En vano cruda muerte,
En mí tu saña apuras;
Si están mis manos puras,
¿Qué mal podré temer?
La llama que a mi mente
Dió un día el alto cielo,
No esperes en el suelo
Tirana oscurecer.
 
El présago sonido
Que exhalas de tu boca
Espante al que provoca
La lid de maldición:
 Espante al que su patria
Sujeta a vil coyunda
Y en crímenes se inunda
De atroz recordación:

Espante al que seduce
Su cándida belleza,
Y en llanto de impureza
La mira sin horror:
Espante al que su hermano
Conduce al cautiverio,
O lleva el adulterio
Al lecho del amor. 

Si yo de paz proclamo
Sus leyes a porfía;
Si odié la tiranía
Y al hombre desleal;
Si miro un nuevo hermano
De Dios en cada hechura;
Si en mí la desventura
Consuelo halló vital:

¿Por qué sangrienta muerte,
Tu saña me persigue?
El que inocente vive,
¿Qué mal podrá temer?
La llama que a mi mente
Dió un día el alto cielo, 
No esperes en el suelo
Tirana oscurecer.

Adolfo Berro

miércoles, 12 de julio de 2017

Testamento de Florencio Sánchez


"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido venere en mi vida, ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido y con olor a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Será para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección cualquiera de mis músculos."

Florencio Sánchez

NOTA: Florencio Sánchez, dramaturgo uruguayo, nació en Montevideo en 1875. Es uno de los más altos valores del teatro americano; hondo, real y crudo en sus concepciones, su pluma fue la primera en sacar al teatro rioplatense del falso género campero en que se debatía. La mayoría de sus obras son doctrinarias, de tesis, y por la forma en que enfocan la realidad acusan en su autor a un fotógrafo estupendo. De entre su producción, que alcanza unas veinte piezas, sobresalen M´Hijo el Dotor, Barranca Abajo, La Gringa, Los derechos de la salud, El desalojo, En Familia, Los Muertos, Marta Gruni y Moneda falsa. Florencio Sánchez, bohemio incorregible, murió en Milán a fines de 1910.               

viernes, 7 de julio de 2017

Post Mortem XCII: Vera Kholodnaya


La joven actriz Vera Kholodnaya (30-VIII-1893 - 16-II 1919) fue primera gran estrella rusa del cine mudo. Falleció con apenas 26 años, en la plenitud de su carrera, víctima de la epidemia de gripe española que hubo a finales de la Primera Guerra Mundial y que se llevó la vida de millones de personas.

lunes, 3 de julio de 2017

Fallecimiento de un socio


Montevideo, enero 9 de 1929

Señor Manuel Ayestarán
Echeverría 17
CIUDAD

Muy señor nuestro:

Tenemos el hondo pesar de comunicarle el fallecimiento de nuestro querido consocio señor Pedro Aramendi, ocurrido el día 3 del cte., lo que ha provocado la modificación de nuestra firma social, que grió hasta la fecha bajo el rubro de

ARAMENDI & CIA.

Por ante el escribano don Julio D. Lagos, ha quedado disuelta esa sociedad, haciéndose cargo del activo y pasivo de la misma, los señores Carlos Aramendi y Rafael Martínez, antiguos componentes de la firma recientemente extinguida. La nueva razón social seguirá los mismos negocios que la anterior, y girará bajo el rubro de 

ARAMENDI & MARTÍNEZ

En la seguridad de que seguirá Vd. dispensándonos igual confianza, le rogamos se sirva tomar nota de las rúbricas que van al pie. Somos siempre sus afmos. y Ss. Ss.

Aramendi & Martínez

De "Correspondencia comercial" por C. Pintos Diago. Claudio García, editor. Montevideo, 1930. 
          

domingo, 25 de junio de 2017

Serpes: hermanos de leche



Nuestras abuelas, o por lo menos la mía, que pasó su infancia en el campo, solía contar una de las muchas historias cuyas protagonistas eran una mujer embarazada y una serpiente. Es la historia de Juan y Angelina Sotelo, una pareja de campesinos que allá por 1886 tuvo en la Rivera de San Miguel a su segundo hijo, Santiago. En esa época, la vida campesina transcurría entre penurias y trabajo, la economía apenas alcanzaba para la auto subsistencia donde todo había que hacerlo, labrarlos o cultivarlo. Las casas distantes las unas de las otras, separadas por las tierras de labranza, unos pocos metros si la familia era pobre o algunos kilómetros si había suerte. Cuando una embarazada estaba a punto de dar a luz seguía trabajando hasta última hora si le era posible... y cuando veían cercana la hora del parto una vecina experta o una matrona venía a ayudarla. Esto ocurrió cuando el pequeño Santiago vino al mundo. Fiebres elevadas acompañaron a Angelina los días previos al parto y persistieron después del mismo. Pero esto era considerado normal, y como se atribuía la situación a la subida de leche no se le daba mayor importancia.

Los primeros días después del parto fueron normales y el pequeño retoño evolucionaba bien. Pero de buenas a primeras el niño comenzó a presentar claros signos de desnutrición. Extraños zumbidos durante el mediodía y a la puesta del sol sonaban dentro de la cabeza de Angelina, a la vez que un extraño estado de somnolencia e incluso pérdidas momentáneas de conciencia se hizo presente. Junto a estos síntomas, el pequeño Santiago, nacido sano, no engordaba lo suficiente a pesar de la abundancia de leche en su madre. El joven matrimonio como otros muchos de aquella época trabajaba duro en el campo para sobrevivir. El escaso jornal que podían sacarle a la tierra tuvieron que gastarlo en pagar las consultas de algunos médicos que atendieron al pequeño Santiago intentando descubrir su posible enfermedad. Ninguno encontraba causas físicas aparentes ni en el niño ni en la madre.

Los vecinos pronto se hicieron eco de la extraña situación que atravesaba la familia Sotelo. Muchas fueron las hipótesis lanzadas por éstos como posible causa de la enfermedad. Tal vez, porque la esperanza es lo último que se pierde... y porque la ciencia no brindaba soluciones a la familia... Una de las vecinas convenció a Angelina, y Angelina se dejó convencer y puso harina alrededor del lecho donde ésta amamantaba a su hijo. Aquella vecina creía que "algo extraño le hacía mal al niño". Estaba en lo cierto. A la mañana siguiente unas rayas aparecieron en la harina. No eran huellas humanas, ni de perro, ni de gato... eran las de un reptil. El pánico se extendió por el vecindario. La gente comenzó a buscar la serpiente primero por toda la casa. No encontraron nada. Y luego por el vecindario... Y no encontraron nada.

Pero una tarde sorpresivamente hallaron la respuesta a la enfermedad de Santiago. Ramón, otro de los hijos del matrimonio, descubrió a la madre inconsciente con el pequeño entre sus brazos. El niño tenía en su boca, a modo de pezón materno... la cola de la serpiente mientras ésta estaba bebiendo de la leche del pecho de Angelina. El niño salió corriendo y gritando para llamar la atención de su padre. En pocos minutos varias personas estaban intentando dar con la serpiente. Ésta ya no estaba en la cama. Después de mucho buscar dieron con su cubil. Detrás de un cuadro ubicado en la cabecera de la cama encontraron su guarida. Quizás si Ramón no hubiera entrado de improviso, Santiago hubiese muerto. Lo único que se tenía claro es que el pequeño había tenido una hermana de leche... una culebra de un metro y medio de largo y con el ancho de un puño humano adulto. Como esta, son muchas las historias que corren de boca en boca por las aldeas rurales. Son muchas las familias que en distintos sitios del planeta pueden dar cuenta de estas avispadas hermanas de leche, las Serpes.


 Publicado en el portal 7 calderos mágicos dedicado a la difusión de la lectura, la literatura y la educación


sábado, 17 de junio de 2017

El anillo de boda de la muerta


En Joachimstal, en la región de Angermünde, murió una mujer casada. El marido tuvo gran sentimiento, le hizo un buen entierro y la llevó al camposanto. Mas antes de meter el féretro en la tumba, y al descubrirla, tomó el anillo de boda de la mano de la muerta para conservarlo. Una vez hecho esto y dado tierra al cadáver, regresó a su casa. Guardó el anillo en una caja y se dispuso a acostarse, porque ya se había hecho de noche. 

Sin embargo, el dolor no le dejaba reposar y estaba completamente desvelado. Tenía las ventanas de su habitación abiertas y en un momento vio, lleno de sorpresa, que a través del jardín venía una forma blanca, que pronto reconoció como su mujer. No se atrevió a moverse y vio cómo la aparición entraba en la casa y andaba por las habitaciones, como buscando algo. Después desapareció.

El campesino, a la mañana siguiente, atribuyó lo que viera a un sueño o a una fantasia. Por la noche, sin embargo, volvió a suceder lo mismo: llegó la mujer, entró en la casa, y buscaba y buscaba. Creyó el asustado hombre oír como suspiros y una voz entrecortada que decía lastimeramente: "¡Mi anillo! ¡Mi anillo!"

Esto se repitió una noche más. Hasta que el campesino, creyendo que fuera el anillo de boda lo que la muerta buscaba, lo sacó de la caja en donde lo había guardado, fue al cementerio y lo metió junto a la tumba de su mujer, todo lo hondo que pudo. La aparición no volvió a la casa y el marido comprendió que la mujer había alcanzado ya el reposo. 

Leyenda popular alemana