sábado, 31 de agosto de 2019

Suicidas del Támesis


En Londres del siglo XIX eran muy frecuentes los suicidios de mujeres jóvenes y pobres que se arrojaban a las aguas del Támesis para escapar de la vida miserable, la marginación y la condena social de los barrios obreros londinenses. La sociedad victoriana despreciaba a los pobres por su situación y les culpabilizaba por su situación. También criminalizaba a las madres solteras y a los menores y a los suicidas se les consideraba cobardes y no se sentía ninguna empatía por su estado de desesperación. Hay cosas que poco han cambiado con el tiempo.

Imagen: Literary London Society.

jueves, 11 de julio de 2019

El asesinato del Gral. Flores

Autor: Juan Manuel Blanes
Título: El asesinato del Gral. Venancio Flores
Técnica: Óleo sobre tela

El difunto General Venancio Flores fue atacado después de haber salido de su casa en compañía de D. Alberto Flangini, D. Antonio M. Marques y D. Amadeo Errecart. Los agresores detuvieron el coche en la calle del Rincón matando un caballo y el cochero. El general descendió entonces del vehículo exclamando: No asesinen a un inocente, ¡tiren sobre mí! Aquí estoy. Dichas estas palabras recibió la primera puñalada hasta nueve, mientras procuraba defenderse ligeramente con el bastón. También se dispararon algunos tiros sobre las indefensas personas que acompañaban al ex-Gobernador Provisorio, siendo herido de un balazo el señor Flangini en el brazo. D. Amadeo Errecart recibió un balazo en el cuello y otro en la cabeza debiendo consignar el valor y sangre fría con que sufrió el ataque. Al señor Marques se le asestó una puñalada que no le produjo efecto alguno sino en la ropa gracias a la fuga de los asesinos con motivo de la aparición de algunos hombres armados. La desaparición era lógica. Jamás el que ataca a un hombre indefenso tiene valor suficiente para arrostrar el peligro cara a cara de quien puede resistirle.

De "El Progreso" de Montevideo. N° 10, 20-II-1868.

sábado, 29 de junio de 2019

Muerte repentina


Ayer en un conventillo situado en la calle del Cerro, esquina Buenos Aires, cayó repentinamente muerto un individuo que vivía en él. Es tal el temor que tiene la gente a las medidas que, a pesar de que la muerte se parecía tanto a la fiebre amarilla como un huevo a una castaña, todos los inquilinos del conventillo liaron petates y se fueron con la música a otra parte, huyendo a las guardias, encierros, desalojos y todo ese cortejo de medidas fúnebres que acompañan a la fiebre amarilla, como si ella solita no fuese más que suficiente para asustar al pueblo. Hemos llegado a una época tal de julepes y preocupaciones, que ya nadie habla de mas enfermedad que la fiebre. 

Las otras dolencias no llaman la atención, como si no existiesen, como si no matasen. Cuando se enferma un individuo, el diagnóstico siempre es el mismo: fiebre amarilla. Hemos de oír todavía que un hombre que muere de una puñalada, muere de fiebre amarilla, porque el asesino había estado en el foco y había usado el cuchillo en el barrio infestado, dejándolo contaminarse con el aire envenenado que por allí se respira. Indudablemente, la fiebre amarilla es la enfermedad de moda. Aunque me tachen de atrasado, prefiero andar a la antigua.

Jabón

De "La Democracia" N° 247. Montevideo, 1 de abril de 1873.

sábado, 1 de junio de 2019

Ritos funerales

Título: Doña Juana la Loca
Autor: Francisco Pradilla
Técnica: Óleo sobre lienzo
Año: 1877

Los ritos más antiguos recordados en la historia de las naciones son los practicados con los difuntos. Las exequias, las ceremonias, el lugar o el modo han sido diferentes entre los antiguos y los modernos, entre las naciones civilizadas y entre las tribus salvajes. Muchos suponen que el único fin de destruir o depositar los cadáveres ha sido, en todos tiempos, el librar a los vivos de los miasmas ofensivos y peligrosos de los muertos, pero nosotros hallamos en esto otra razón más noble. El padre que pierde al heredero de su nombre, de sus títulos y de sus bienes; la madre que llora la muerte de su único hijo; la viuda que por un accidente fatal queda privada de su protector, compañero y único consuelo en el mundo, no se aceleran a remover los restos de sus amados objetos por temor de contagio, sino los depostian en paraje seguro donde puedan ir a llorar sobre su sepultura, o a contemplar silenciosos el sepulcro donde yacen.

La reina Doña Juana, madre del poderoso Carlos V, no permitió jamás sepultar a su marido, Felipe I, más le mantuvo en su aposento y le hacía llevar junto a ella en todos sus viajes. Es verdad, que fue declarada loca por esta circunstancia, pero ella, aunque sumamente excéntrica, prueba que el afecto por los finados, es muy superior al disgusto que puede causar la cercanía de sus cadáveres o al peligro de infección. Pero sin tratar de las personas, y solamente del lugar, hallaremos que los cementerios no han sido jamás considerados como un lugar de podredumbre animal, sino como la ciudad de sus antepesados y que se consideraban obligados a respetar y defender como a su propia patria.

De "El Instructor o Repertorio de historia, bellas letras y artes". Madrid, 11/1834, n.º 11

domingo, 19 de mayo de 2019

Un drama en Boston


Molken, el verdugo de Boston, se ha suicidado, y he aquí porqué: Hace cuatro meses se encontró asesinada en su cama a una joven amazona del circo de Rudy Bolsk. John Jurret, amante de la víctima, fue juzgado y condenado a muerte el 2 de noviembre, por creérsele autor de crímen. Desde ese día se vió a Molken más triste y sombrío que de costumbre, y desapareció de las tabernas; pasaba los días encerrado con un cuervo que había críado. La víspera de la ejecución, el sheriff le previno que estuviese preparado. Al día siguiente no apareció, y al ir a buscarle a su casa, fue hallado colgado en la horca que había levantado en su huerto. El cuervo se había comido los ojos, las narices y la mejilla derecha de su amo. En el pecho tenía Molken un cartel con estas palabras: "Jurret es inocente. Yo soy el único culpable y espío mi crímen. Lego mi casa a Jurret y deseo que el dinero que se me debe se le entregue a él." Jurret fue puesto en libertad. 

De "El Mercantil del Plata", N° 14. Montevideo, 18 abr. 1868.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Ahogados en la Aguada


- Un cabrión nos da las siguientes noticias: Fue hallado en la costa al norte, el cadáver de un inglés. Se supone que se ahogó y que una herida la que tenía en la cabeza fue ocasionada por algún golpe contra las piedras. - Una morena que se retiraba de la Aguda el lunes a la noche cayó en una cantera llena de agua y pereció ahogada. La infeliz venía en compañía de otras dos, que en vez de prestarle socorro huyeron despavoridas. - Una niñita que paseaba con sus padres por la Aguada, cayó a un pozo y se ahogó. Cuando se notó su falta era ya cadáver. Hoy la crónica es bastante fúnebre. ¡Ojalá nunca suceda lo mismo!

De "La Prensa Oriental", Año III, N° 731. Montevideo, 12-IX-1861.                 

domingo, 14 de abril de 2019

"La Noche" de Mario Korbel


En esta poética escultura alegórica, el celebrado escultor académico Mario Korbel (Bohemia, 1882-1954) ha logrado darle al manto de la figura ese áureo torno que los antiguos solían emplear en semejantes casos.