jueves, 30 de junio de 2016

Post Mortem LXXXVIII: Duerme mi niño...



Duerme mi niño, 
duérmete ya
las estrellitas te alumbrarán...

Duerme mi niño,
 te cantaré
       y con mis canciones te arrullaré...     

domingo, 29 de mayo de 2016

La muerte violenta

 

Estimados lectores del blog: pongo a vuestra disposición en enlace de descarga en formato PDF de la obra La muerte violenta del patólogo argentino Osvaldo Raffo, autorizado por su propio autor. He aquí la reseña de la obra según su propia pluma:

Estimado lectores:

Accediendo a muchas peticiones, finalmente se ha digitalizado un libro añejo, publicado en el año 1980, o sea hace ya 36 años. La intención era ofrecer a los médicos de policía que actuaban, casi siempre en condiciones desfavorables en los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires; un manual de bolsillo y de fácil lectura , como orientación básica, aplicable en casos de muertes violentas. En aquellos tiempos, la documentación médico legal y las publicaciones sobre temas de la especialidad eran escasas. Aconsejado por mi maestro, el profesor Emilio P.F. Bonnet, publiqué este librito. Como colofón, corresponde mencionar el lema del gran detective:”Elemental mi querido Watson”, el cual tiene ahora verdadera justificación, porque la medicina forense de nuestros días ha resuelto numerosos problemas y hace más certera la administración de la justicia.

Osvaldo Hugo Raffo
Médico Legista
Mayo de 2016

Está disponible para descarga libre y gratuita, en formato PDF por ahora, próximamente también Epub. Descargar "La muerte violenta"

jueves, 14 de abril de 2016

El martirio de Santa Inés


Condenada por el juez a ser quemada viva, reunieron un gran montón de leña, le pegaron fuego y, cuando las llamas se agitaban y elevaban en toda su poderosa actividad, arrojaron a la Santa en medio de la hoguera; pero apenas las llamas tocaron al cuerpo de Inés, formaron en torno de ella un gran hueco, y al extenderse por los lados, envolvieron a los circunstantes, mientras que la Santa en el centro permanecía ilesa. Levantó sus manos al cielo, y comenzó en alta voz a orar y bendecir a Dios, y cuando terminó su oración, la hoguera estaba apagada. El pueblo que esto presenciaba, en vez de admirar el poder de Dios y la inocencia de la Santa, ebrio de furor clamaba contra ella, y el juez mandó que la degollasen.

Oyo la sentencia Inés serena y alegre; conducida al lugar del suplicio, parecía un corderillo en medio de lobos; sin embargo, sus tiernos años y su candor hicieron brotar lágrimas de compasión a muchos de los espectadores. El verdugo mismo estaba como indeciso y turbado, e Inés le dijo: "¿Por qué te detienes? No temas matarme, la muerte es para mí el principio de una nueva vida." Dichas estas palabras, oró por un momento, y terminada que fué su oración inclinó la cabeza; el verdugo, algún tanto recobrado, descargó sobre ella el golpe mortal. Aconteció esto en el año 303 del nacimiento de Cristo.

De "Niños santos o Leyendas infantiles" por el P. Francisco Hattler. Herder & Cía. Friburgo de Brisgovia, 1926.

viernes, 8 de abril de 2016

Muerte por incineración


Una impresionante fotografía sensasionalista muestra el cadáver calcinado de un conductor muerto debido a un incendio del camión que conducía. Fue tomada en 1936 por el fotógrafo de prensa Arthur Fellig (1899-1968), alias "Weegee", especializado en la crónica roja para los diarios de Nueva York para los cuales trabajó entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

martes, 5 de abril de 2016

Desinfección de cadáveres


Art. 147 - Las desinfecciones de cadáveres se harán de dos maneras, a saber: cadáveres para autopsias, que se desinfectarán envolviendo el cuerpo en una sábana empapada en una solución fuerte de bicloruro al dos por mil y tapándole la boca, naríz y oídos con algodón empapado en la misma solución, y cadáveres para sepultar, en que se procederá como en el caso anterior y además se colocará una capa de cal viva en el fondo del cajón y, encima del cuerpo.

Art. 148 - Siempre deberá vestirse con el traje especial de trabajo, el desinfectador que se ocupe de estas desinfecciones.

Artículos del Reglamento de Desinfectadores de la "Asistencia Pública de Buenos Aires", 1903.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La más triste mañana


Mi padre enfermó de pronto, se puso grave tres días después, y no hubo esperanza de salvarlo. Fué aquella de su muerte la más triste mañana de mi vida. Aclaraba, llegaba del nuevo día; los árboles y los pájaros lo saludaban... ¡Y mi padre moría!... ¡Todo ajeno a mi dolor! ¡Todo lo mismo que antes! ¡Todo completamente como si yo fuera el mismo niño que ayer!... 

Aquel contraste entre la naturaleza y mi alma, me parecía inexplicable. Inexplicable aquella indiferencia ante el desamparo en que yo quedaba. Salía a cada momento de la casa para andar bajo los árboles, para mostrarles a todas las cosas y a todos los seres mi casa empapada en lágrimas. 

Yo quería que las plantas, los insectos y los pájaros queridos vieran mi dolor al quedar huérfano. En mi inocencia de niño, creí que mi tragedia iba a ser compartida por los pájaros; creí que ellos cantarían tristemene al comprender mi pena.

Pero el sol iluminaba como antes; los pájaros trinaban con la alegría de siempre; las flores no se marchitaban. Me detuve ante una arañita que tejía su tela y ví que no dejaba su trabajo y que tampoco estaba triste. ¿A nadie, pues, le importaba mi dolor, en aquel mundo que yo amaba tanto?... ¿Nadie ni nada comprendía que yo no era el de antes, y que lloraba porque quedaba sin mi padre?...

De "Mangocho" por Constancio C. Vigil. Editoria Atlántida, Buenos Aires, s/f.

jueves, 17 de marzo de 2016

Muerte y resurrección: el mito eterno


El mundo del cazador era el mundo mágico, pero el mundo del agricultor y del criador de ganado, del hombre de campo, es el mundo mítico. En el mito aparece como fuerza decisiva el cambio de las estaciones, la sucesión de la primavera, verano, otoño e invierno. En el hombre se repite este proceso en la niñez, la juventud, la madurez y la vejez. Y a la idea mítica del uno, corresponde la del otro. Así se antepone la idea de la fecundidad. Por su naturaleza está ligada a la muerte. El fruto del campo crece, madura, muere y contiene el gérmen de otra vida, y nuevamente se origina en la muerte, la vida. El secreto de la muerte de la naturaleza en invierno y de su resurrección en primavera, es el sentido más hondo, el símbolo grandioso de esa concepción majestuosa del mundo.Sin embargo, entre agricultores, los símbolos míticos del nacimiento, de la muerte y de la resurrección aparecen en forma distinta que entre los criadores de ganado. Entre los agricultores se traslada el punto decisivo de la concepción hacia los elementos del mundo que reflejan el nacimiento y la muerte. Son elementos distintos que están ligados lógicamente, pero que en el más profundo sentido mítico constituyen una unidad: luna, mujer, serpiente, cigarra, árbol, cuerno del toro.

Entre los criadores de ganado se expresa el símbolo de la fecundidad de otra manera: es el animal en celo quien lleva la fecundidad, la fuerza masculina, y así deben ligarse los dioses de los criadores de ganado con la fuerza del toro, del caballo, del macho cabrío. La idea de la Gran Madre, de la magna mater, no aparece en este mundo. Es cierto que el cambio de las estaciones anima también aquí el pensamiento, pero son figuras masculinas las que llevan el universo en el mito, no la Gran Madre, no Istar, Astarté, Démeter, Venus o Diana. El trueno, el relámpago, el sol, la luz, la dominación, el poder, la fuerza, son los que se anteponen. En ambos grupos se concibe la idea del poder como abstracto, como autónomo y real en sí. El poder puede también ser sustraído de un objeto, de un amuleto, de un templo, de manera que éste pierda su carácter sagrado. La noción del poder adquiere existencia y valor propios; se separa de la realidad como algo independiente y al mismo tiempo algo eficaz. El poder en sí se transforma en una cosa con vida propia. Se materializa y toma valor autónomo. Ésta es una ley fundamental del pensamiento en el período mítico. La tarea del hombre, su objetivo y su obligación es, entonces, la de dominar este poder que se ha vuelto una sustancia propia, y asimilarlo al acontecer cultural y al deber del hombre de sobreponerse a su ambiente.

Estos poderes consisten en la bendición, la imposición de manos, la conjuración. Lo contrario se logra con la maldición, la imprecación, el encantamiento. Cosas sin vida: piedras, árboles, fuentes, casa, que pueden ser santificados porque este poder entra en ellos. La materialización de la idea del poder constituye el hecho más importante del pensamiento de este período mítico. Se transforma una abstracción, la idea del poder, en realidad; el pensamiento mismo se separa de su conjunto y se iguala con las cosas del mundo de los fenómenos como valor autónomo y sustancial. Este hecho es lo realmente trascendente de la época. Por eso sólo puede expresarse por un arte trascendente, abstracto. Este mundo se caracteriza por el fetichismo, el animismo, el culto de los antepasados y la mitología astral. Todas estas concepciones tienen el mismo fondo, el mítico. Su premisa fundamental consiste en la escisión de uno a la realidad e identidad; esta escisión separa la noción pensada del conjunto del pensamiento. Tal hecho confiere realidad a la aparición de los espíritus y otorga autenticidad a la idea de la fuerza.

El mundo de los muertos, de los antepasados, domina al hombre. Los antepasados y los espíritus pueden ocasionarle daño; por eso debe aplacarlo con sacrificios. Y a fin de que favorezcan su vida y le sean propicios, les construye grandes y hermosas casas de piedra imperecedera. El mismo vive en una cabaña, pero para los antepasados se edifican pirámides en el sur y monumentos megalíticos en el norte. Así se reemplaza la magia por el mito y el pensamiento acerca de los astros, del alma, de los espíritus, de la muerte, y poco a poco se forma en este mundo el politeísmo, el mundo de los dioses. En la cúspide se encuentra, entre los agricultores, la gran divinidad femenina, y entre los criadores de ganado, el gran dios masculino. Sólo partiendo de este pensamiento se comprende el cambio decisivo de la posición del hombre en el universo. El mundo mítico reemplaza al mágico, el pensamiento abstracto a la realidad. Por eso aparece también la imagen abstracta en lugar de la realista. Se presentan espíritus, demonios, formas misteriosas, inhumanas y sobrehumanas, que están más allá de la realidad, como lo están también la idea de poder, la del nacimiento eterno, la de la Gran Madre. Este mundo sólo puede desarrollarse en el momento en que nacen la agricultura y la cría del ganado.

De "Los primeros pasos de la humanidad" por Herbert Kuhn. Compañía General Fabril Editora, Buenso Aires, 1962.