miércoles, 27 de diciembre de 2017

Mortalidad infecto-contagiosa clasificada en Uruguay (1887-1896)


Par a apreciar mejor todavía las condiciones en que se ha producido el decrecimiento de esta mortalidad, conviene analizar la marcha seguida por la procedente de cada una de las principales enfermedades del grupo. (Véanse Cuadro N.° 3 y Gráfico .11.). La mortalidad por tuberculosis, que es la más importante por la altura y la constancia de sus cifras, dio una equivalente á 13 o b % de la mortalidad general en el primer quinquenio, cifra que en el segundo descendió á 9 2 4 % es decir 3 8 2 % menos. En cifras absolutas esto significa, que en el 2.° quinquenio se ha producido una reducción media anual de 474 defunciones por tuberculosis con relación á la cifra del primer quinquenio. En la difteria la cifra media anual de mortalidad, que en el primer quinquenio fué de 579, en el segundo solo alcanzó á 257. Cada año del 2.° quinquenio se economizaron 322 vidas. La mortalidad media anual por viruela en el primer quinquenio fué de 445 y en el 2." solo alcanzó á 65. Economía anual en el segundo: 380 vidas. 



En la mortalidad por tifoidea se redujo la cifra media anual de un período a otro en 197. En cambio la mortalidad por sarampión, escarlatina, tos convulsa y erisipela, aumentó en el segundo quinquenio. El promedio anual de la mortalidad por sarampión fué en éste de 99 defunciones y en el 1.° de 94; en cada año del segundo se produjeron cinco defunciones más que en cada uno del primero. En la mortalidad por escarlatina la media anual del 2." quinquenio, fué de 17 defunciones más que en el primero. La tos convulsa produjo en cada año del 2." quinquenio 11 defunciones más que en cada uno del primero. El aumento de la mortalidad anual de la erisipela fué solo de una defunción por año. De las enfermedades exóticas solo el cólera invadió nuestro país durante el decenio; en el primer quinquenio produjo 241 defunciones y en el segundo 107, aunque solo se hayan anotado siete con esa designación.  

Las cien restantes, por una aberración inconcebible, fueron inscriptas con diagnósticos distintos. Por consiguiente, cuanto se dice en general sobre las enfermedade infoctooontagiosas, se refiere á las comunes, pues las exóticas nada, han influido para modificar el valor de las cifras referentes al grupo. Si bien de las cifras referidas no se puede tener la certidumbre de una exactitud tan absoluta como fuera, de desear, porque las cifras de la mortalidad sin asistencia médica revisten una importancia que no se debe ocultar, no por eso se puede creer que las deducciones apuntadas estén desprovistas de valor, pues la ['educción es de tal magnitud que salva por completo la deficiencia, apuntada. Entre los otros grupos de enfermedades y otras causas de defunción, hay también variaciones cuyo monto corresponde precisar aquí. (Véanse el Cuadro N." 2 y Gráfico 111.) 

Las defunciones por enfermedades de los aparatos circulatorio y genitourinario, por accidentes y traumatismos y por otras enfermedades han sido menos numerosas en el segundo quinquenio que en el primero. A su vez las defunciones por enfermedades de los aparatos respiratorio y digestivo, y del sistema nervioso, y las procedentes de homicidios y suicidios, y de causas ignoradas por falta de asistencia médica, han aumentado en los años del 2." quinquenio. En las del aparato circulatorio, la reducción media anual del 2.° quinquenio fué de 65 defunciones. En las del génito-urinario de 18, y en los accidentes y traumatismos de 20. El aumento habido en los promedios anuales de las defunciones del 2.° quinquenio en los otros grupos ha sido: en las enfermedades del aparato respiratorio, de 271; en las del digestivo, de 11; en las del sistema nervioso, de 38; en las defunciones por homicidios y suicidios, de 27; y en las de causa ignorada por falta de asistencia médica, de 1,065. 

En el cáncer y la sífilis, cuya mortalidad no puedo ser comparada de un quinquenio al otro, por no haber sido clasificadas sus defunciones en el primero, se nota una progresión creciente en los años del segundo, por lo que deben ser consideradas entre los últimos grupos. Las divergencias notadas entre el Departamento de Montevideo y los de campaña, al estudiar el crecimiento de población, se caracterizan más aún cuando se hace el estudio comparado de la proporción que corresponde á cada una de estas regiones, en la formación de las cifras de la mortalidad de la República. La mortalidad general del primer quinquenio, cuyo índice medio anual es de 18" u %o , toma del Departamento de Montevideo 7- 7 y de la campaña 11 4 2 . En el 2.° quinquenio esa proporción se modifica; el coeficiente de la República es de 103 7 % 0 y en él correspondo á Montevideo el 5 2 3 y á la Campaña el ll 1 4 . 

Por consiguiente, permanece estacionaria la proporción que correspondió á Campaña y desciendo la de Montevideo. El descenso de 232 % o obtenido en el coeficiente de mortalidad de la República, corresponde casi en su totalidad á Montevideo (20 4 % 0 ) , siendo mínima la intervención de la campaña (O2 8 %o. ) Haciendo uso del término de comparación antes indicado, sobre 1,000 defunciones de la República, ¿cuántas coi-responderían á Montevideo y cuántas á Campaña? Llegaríamos á este resultado: primer quinquenio, Montevideo, 388.78; Campaña, 011.22; 2.° quinquenio, Montevideo, 319 42; Campaña, 680.58. Entrando á analizar la mortalidad por los distintos grupos de causas de defunción en cada región, se encuentra mejor explicada la diferencia que las caracteriza. En la mortalidad infecto-contagiosa se encuentra: que la cifra media anual descendió en el Departamento de Montevideo de 1863 (l. e r quinquenio) á 975 (2.° quinquenio) y en Campaña de 1570 á 1271. En Montevideo se reduce en 888 y en Campaña solo en 299. 

El contraste es más notable porque en el primer quinquenio la cifra de Montevideo era mayor que la de campaña en 293 y en el 2.° la de campaña es mayor que la de Montevideo en 296. La reducción en Montevideo equivale á 470 7 % y en Campaña sólo á 19 0 5 % . Las mayores diferencias se notan en la reducción del número de defunciones por tuberculosis y por difteria. La cifra media anual de defunciones por tuberculosis en Montevideo disminuye en 427 y en Campaña sólo en 35. Las de difteria en 218 en Montevideo y en 105 en campaña. Con el término de comparación antes indicado, resultaría que sobre 1000 defunciones de mortalidad infecto-contagiosa en la República corresponderían en cada quinquenio: en el 1.° á Montevideo 542.78, á Campaña 457.22; en el 2.° á Montevideo 434.22, á Campaña 565.78. 

Entre los otros grupos de causas de defunción, las diferencias no son tan notables; pero, sin embargo, son dignas de mención las siguientes: las defunciones por afecciones del aparato circulatorio disminuyen en Montevideo y aumentan en campaña; las del aparato digestivo sufren en Montevideo una reducción media anual de 234 defunciones y en cambio aumentan en Campaña en la proporción de 245 por' año; las del sistema nervioso disminuyen en Montevideo á razón de 88 por año y aumentan en campaña 157 por cada año. 

Las muertes violentas por crímenes y por accidentes aumentan en la Campaña de un quinquenio al otro y disminuyen en Montevideo en los mismos períodos. La mortalidad sin asistencia, sobre todo, que en Montevideo tiene cifras insignificante?, en Campaña aumenta del primer quinquenio al segundo, siendo el aumento medio anual de 1,105 ( 2528-3633.) Todas las diferencias enunciadas inducen á estudiar por separado cada una de estas regiones, para que por el análisis minucioso de los datos que les conciernen, se pueda llegar á interpretar la influencia que una y otra ejercen sobre las cifras correspondientes á todo el país, á ' conocer la situación propia de cada una y á fijar las medidas reclamadas por cada parte.

De "Estadística Sanitaria del Uruguay (1887-1896)" por Joaquín Canabal. Instituto Nacional de Higiene. Tipografía de la Escuela Nacional de Artes y Oficios. Montevideo, 1899.                       

martes, 26 de diciembre de 2017

El luto


El luto es un convencionalismo. Al morir un pariente, a quien hemos conocido, nos vestimos de negro. Y se caracteriza como una mancha negra en la lógica social. Todo fenómeno síquico va acompañado de una manifestación exterior que nos hace reír o llorar, o bien caer de rodillas. Cuando muere un tío lejano no hacemos nada de eso, pero vestimos rigurosamente de negro. Es menos racional, mas es significativo. Y he aquí que el mundo expide patente dolor al que por más tiempo lleva una gaza en el sombrero.

El dolor no es íntimo, hay que exteriorizarlo. Sintámoslo, bien está, pero demostrémoslo. Y de este modo el dolor, que es la neurosis del alma, se convierte en una personilla elegante, vestida de negro, que se exhibe por todas partes. Muere un amigo y lloramos su pérdida como una desgracia irreparable. Mucho lo hemos sentido, es verdad; pero seguimos usando el traje claro de todos los días.

El luto es el sufrimiento por la sangre hereditaria, por una rama tronchada del árbol genealógico. Nace de las palabras hijo, padre, abuelo; y sentidas o no, colocan la ropa de negro. Pero al amigo muerto, a la novia perdida, les ofrecemos una corona con dedicatoria o una elegía en un periódico. Esto es social. Más en el fondo de nuestro pecho hay lutos que son de lágrimas y hay llantos que son de sangre. No nos ponemos luto, pero lloramos; y para nuestros pobres muertos, esto es bastante. 

De la "Revista del Salto" Año 1, n. 11 (20 nov. 1899)                           

lunes, 25 de diciembre de 2017

Frente a una tumba


Tiene sepulcros el cementerio, donde hay silencio que conmueve y oraciones y suspiros almacenados que las almas buenas recogen. Hay para ellas lápidas donde las lágrimas se estrellan; y tiene cada tumba su ciprés al lado, como mustio centinela. Tiene el sepulcro coronas con flores sin perfume, pero de vistosa porcelana alabastrina, y lucecitas débiles que rutilan al soplo de la brisa...

Las almas de los vivos también tienen sepulcros, do muertos están afectos muy intímos, sin más lápida que el velo gris de la tristeza, sin más leyenda que las bajadas tétricas del recuerdo traducidas en discretos suspiros... Una avecilla oculta en la espesura verde del ciprés canta alegremente, mientras casi al pie del árbol hay quien de rodillas reza con profundo fervor. 

¿Por qué canta el pajarillo? Ríe y blasfema al mundo, a ese mundo que tiene un día para los difuntos, en que todo es llanto y dolor, y tiene tres días para el carnaval, en que todo es risa y locura.

Luis A. Thévenet

De la "Revista del Salto" Año 1, n. 2 (18 set. 1899)

domingo, 17 de diciembre de 2017

La mejor corona


Guardemos silencio, e inconscientemente bajamos la vista. Cuando, al levantarla, mis ojos encontraron los suyos, observé que lloraba. En su adorable cara, reflejábase el dolor y de su garganta salían casi ahogados los sollozos. Como siempre entendí que cuando las lágrimas se dedican a la memoria de un ser amado, sirven de inefable consuelo, no quise estorbar, y sin decir una palabra me retiré, notando que la emoción se apoderaba de mí, ¡de mí! qeu alardeaba de insensible y de espíritu fuerte! ¿Qué tiene de particular -exclamé- que ella llore por la madre idolatrada al evocar su recuerdo en el aniversario cuando yo, indiferente a todo, me conmuevo ante la idea de quedar huérfano! (...)

Era el día de difuntos, y si en la tumba de la virtuosa mujer que le dio el ser faltaba una lujosa corona, la hija tejía, con las perlas que esmaltaban su rostro, una diadema que no se pagaba con el oro del mundo y que la virtuosa señora, a quien consagraba aquel raudal del sentimiento, habrá recibido en el lugar do moran los justos, con indescriptible gozo, con un gozo superior a las delicias del Paraíso, que para una madre no hay nada que valga tanto como el cariño y la gratitud de los que fueron pedazos de sus entrañas... (...)

¡Cuántas hijas llorarán como lloraba y como llora ella! Esta consideración no se aparta de mi mente, y por eso al ver en el cementerio una tumba sin corona, no desfallezco, pues creo que aquel aparente abandono ha de ser subsanado con creces por cristalinas gotas de manantial de los amores. 

Adolfo Vázquez Gómez

viernes, 15 de diciembre de 2017

Higiene de los cementerios: ubicación


Los cementerios son los lugares que debe tener una población y que están exclusivamente destinados a la colocación de los cadáveres. La higiene ha dictado una serie de principios, que se refieren a la ubicación, extensión, disposición, etc., de los cementerios. Antiguamente, se exigía la ubicación de los cementerios en puntos a favor de los vientos dominantes a fin de que no llegaran a la población las emanaciones peligrosas o desagradables. Actualmente esto no tiene mayor importancia, pues se ha comprobado que los gases originados por la descomposición del cadáver no llegan a la superficie cuando los cuerpos son sepultados a 1.50 metros de profundidad. 

En cuanto a los microbios patógenos para el hombre y que puede tener el cadáver, los numerosos estudios realizados comprueban que, si a un cadáver se le recubre con tierra en la forma conveniente, dichos microorganismos no pueden tampoco llegar a la superficie y por otra parte, que desaparecen en poco tiempo. Una excepción cabe anotar para el bacilo del carbunclo que por su facultad de esporular, adquiere gran resistencia y se mantiene activo durante años. Debemos agregar además la posibilidad de que estos microbios sean llevados a la superficie por gusanos, ratas, etc. 

Conviene alejar a los cementerios suficientemente de la población, a fin de impedir que por la expansión que se produce con el tiempo en toda la ciudad no llegue a quedar en cementerio dentro de ella (vg. Recoleta). Este alejamiento debe ser tal, que no llegue a producir molestias o exigir un largo tiempo para el traslado de la población que constantemente concurre, guardando el recuerdo y el homenaje que se debe a aquellos con que ha estado ligada en la vida.

Del manual "Higiene" por el Dr. Manuel V. Carbonell. VI edición. Editorial "El Ateneo". Buenos Aires, 1948.

jueves, 30 de noviembre de 2017

El Día de los Muertos (1928)



Una vez más ha pasado por la vida de la ciudad, el día en que se recuerda a los muertos. Una vez más nosotros hemos visto pasar por las calles esas largas filas de gente, con sus manos llenas de flores, filas de autos, de coches y de tranvías, llevando flores... La ciudad adquiere en eso días algo de la fisonomía de las grandes ferias. Puestos de flores en las calles, chicos gritando y ofreciendo sus mercancías, anuncios con cuadros de un subido color dramático, carteles, coronas, cintas con dedicatorias en grandes letras doradas. Todo llamativo. Es el mismo color, la misma animación de las ferias.

Grupos de gente que se detiene en los negocios a tratar sus compras fúnebres, mientras se escuchan los compases de un tango de la vitrola cercana. Grupos de familias, buscando entre las pilas de coronas y de placas, una que exprese lo que ellos quieren y que armonice con el precio. Grupos de chicas y chicos, comentando, charlando, riendo... Las amigas que se encuentran mientras eligen mientras eligen sus ramos de flores, se recuerdan la deuda de una visita, o tejen comentarios sobre la última fiesta a que asistieron. Rostros de niñas con labios muy rojos, que acompañan a sus parientes a cumplir la triste embajada, mientras esconden su alegría para ponerse a tono con sus mayores...

Rostros de gente aburrida que cumplen su misión con el mismo entusiasmo que los empleados van a las oficinas. Rostros de gente que no dicen nada, cabezas que no piensan nada... Y van también en las filas, rostros de gente buena, que llevan las huellas del sufrir, profundamente marcadas. Estos son los menos, y van como asombrados de sentir a su lado ese ruido. La mayoría marcha a cumplir una obligación del calendario, algunos hasta con un poco de fastidio. Hay para nosotros no sabemos qué de doloroso en esas filas de gentes que vemos ir y venir empujadas por la costumbre. 

Hay no sabemos que de trágico en ese montón de gente, que todos los años, en el mismo día tiene que caminar por nuestras calles con sus manos llenas de flores, en dirección a los cementerios, empujados por el calendario. Y así lo vemos nosotros, entrando y saliendo de los cementerios, ajenos casi a la escena que realizan. Casi todos van allí a cumplir rápidamente su misión, lo más rápidamente posible. Lo hombres consultando a cada paso sus relojes, y sus libretas, la mujeres preocupadas de sus vestidos y en la observación de los que llevan las que pasan junto a ellas, mientras desfilan entre las tumbas, acompañadas de bullicio mundano que lo domina todo, leyendo a veces rápidamente un epitafio que les hace sonreír...

La larga fila cumple así la orden del calendario, que todos los años, en el mismo día, los empuja al recinto de los muertos. La mayor parte de las tumbas que permanecen abandonadas durante todo el año, en esos días, se limpian, se adornan y se ponen sobre ellas una leyendas bien grandes en letras doradas, se visten así de fiesta para recibir a la visitas... Y mientras la gente lleva a los cemenerios el ruido de la calle, la vida del mundo, el perfume de las flores, la inquietud, la fiebre, el movimiento de la ciudad, los pájaros del cementerio, siguen entonando sus cantos todos los días, junto a las tumbas, acaso porque ellos saben que nunca como en ese día están más solos los muertos.

De "Emociones Montevideanas" por Orestes Baroffio. Claudio A.García editor. Montevideo, 1942.    

martes, 28 de noviembre de 2017

El suelo y los cadáveres


Al igual que toda materia orgánica, los cadáveres sufren en el suelo una serie de transformaciones, que en resumen son: después de dos o tres días desaparece la rigidez cadavérica y se presentan los fenómenos de la putrefacción, que se caracteriza por la acción de los fermentos sobre los tejidos, y por el desarrollo abundante de gases, indicadores del activo funcionamiento de los miroorganismos anaerobios. Después, por la acción de las diastasas autolíticas o segregadas por los fermentos, se produce una especie de licuación de la masa orgánica del cuerpo. La presencia y la penetración del aire, permite después el trabajo de los microbios aerobios, que terminan por transformar la materia orgánica en amoníaco, nitritos y nitratos, vale decir, se sigue el proceso general del cual nos hemos ocupado detalladamente al estudiar el suelo. En el suelo de mediana porosidad y humedad y donde no llegue el agua telúrica, es el lugar, donde la transformación de los cadáveres se hace en las mejores condiciones, completándose en el término de 4 a 7 años. No sucede lo mismo, cuando las condiciones del suelo son otras; los suelos arenosos y de gran sequedad o donde las temperaturas son muy bajas llevan a la conservación o momificación de los cadáveres; otras veces los cadáveres experimentan la transformación cérea, o transformación del cadáver en grasa, debido a que los gérmenes aerobios, no han podido actuar por la falta de aire.

Del manual "Higiene" por el Dr. Manuel V. Carbonell. VI edición. Editorial "El Ateneo". Buenos Aires, 1948.