martes, 25 de marzo de 2014

Formas de muerte


La muerte puede adoptar de acuerdo a su presentación o sus características diversas formas, que definimos:
  • La muerte real es el estado irreversible de cese de las funciones vitales, con absoluta y definitiva imposibilidad de retorno.
  • La muerte cerebral o encefálica es aquella que por deterioro de las funciones cerebrales imposibilita en forma irreversible y definitiva la continuidad de la vida autónoma del resto del organismo sin medios artificiales.
  • La muerte natural es el resultado final espontáneo y esperado, común a toda persona, como evento propio de la esencia vital. Se debe a procesos mórbidos sin intervención de hechos violentos accidentales o intencionales propios o de terceros.
  • La muerte violenta resulta de un proceso lesivo antinatural con necesaria participación de mecanismos extraños o exógenos y violentos.
  • Algunas formas de muerte merecen el calificativo de “muertes no naturales” porque aún cuando no ha mediado un hecho violento sus circunstancias se apartan de lo natural (intra-operatorias- estado de prisión, etc.). La infección puede ser tanto natural como violenta, esta última, cuando se produce en forma secundaria a traumatismos, aborto criminal, contagio venéreo intencional o puntura criminal.
  • La muerte súbita es el resultado fatal de un proceso mórbido desconocido previamente y que desencadena sorpresivamente sin nada que la hiciera presagiar. Para algunos autores desde el inicio de los primeros síntomas hasta el diagnóstico de muerte han de transcurrir 24 horas, para otros una hora. Se utiliza el término en muertes naturales. Creemos que una hora es un lapso aceptable para muerte súbita.
  • La muerte inesperada se produce como consecuencia de procesos mórbidos conocidos pero cuyo desenlace no era esperado ni previsible en el momento en que se produce.
  • La muerte de causa dudosa es aquella que por determinadas circunstancias aparece como sospechosa de criminalidad. No se refiere a duda científica de situaciones clínicas sino respecto a la causa natural o violenta. En tales casos se impone el análisis de lugar del hecho, de la historia clínica y de las circunstancias. Debe conocerse que el 5% de las muertes violentas se presentan como muertes naturales. El diagnóstico de muerte de causa dudosa es previo a la autopsia, catalogar a una muerte como de causa dudosa obliga a ordenar la autopsia. Cuando existen algunos indicios que hacen sospechar violencia podemos denominarla “Muerte con causa de dudosa criminalidad” (ver luego).
  • La muerte de causa indeterminada es posterior a la autopsia y al diagnóstico, aún desde la incerteza e imposibilidad de determinarlo, se arriba por la ausencia de hallazgo alguno que permita determinar la causa de muerte o aún relacionar el óbito con una causa presunta. El diagnóstico de muerte de causa indeterminada ha de mantenerse hasta que los estudios complementarios solicitados (toxicología, anatomía patológica, historia clínica) entreguen la posibilidad de determinar la causa de muerte o se mantendrá definitivamente. La denominación de “autopsia blanca”, como un buen número de autores llama a las autopsias que no entregan hallazgo alguno de causa de muerte, exige la negatividad de los estudios de anatomía patológica y de laboratorio. Knight, curiosamente, pero con fundamento, llama a la autopsia blanca, “autopsia oscura”.
  • La muerte de causa criminal es aquella en la cual ha existido comprobadamente una intención y una acción criminal en su producción.
  • La muerte de causa de dudosa criminalidad es aquella en la cual por sus características de ocurrencia, los signos hallados o las circunstancias se sospecha razonablemente una causa criminal de muerte.
  • Muerte instantánea es la que se produce inmediata e instantáneamente después del hecho traumático. Se refiere a muerte violenta y se caracteriza por la ausencia de período agónico o, para ser más estrictos, por la extrema brevedad del mismo.
  • Muerte rápida o muy rápida requiere de algunos minutos a varias horas de agonía para su producción. Los términos de tiempo son variables aún cuando la misma ha de producirse cómo máximo dentro de las 24 horas.
  • La muerte tardía o diferida es aquella que se produce con relativa posterioridad al hecho traumático que inició el proceso. Este período suele ser variable y ocurre por lo general en internación. El punto de mayor trascendencia suele ser atribuir el nexo entre el hecho causal y el deceso. Entendemos que la muerte tardía requiere más de 24 horas para su producción.
  • Muerte violenta “sine materia” es aquella muerte ocurrida en circunstancias violentas pero en la cual la autopsia no permite determinar la existencia de una lesión traumática idónea para producir por si misma la muerte. Se suele observar –entre otros- en casos de castigo a personas mayores en ocasión de privación de libertad y robo. Los mecanismos implicados en estos casos suelen ser: a) La sofocación, pero en tal caso no es infrecuente observar patrón anatomopatológico de asfixia. b) El daño axonal difuso sin repercusión orgánica que permita su diagnóstico aún histológico o un mecanismo cardíaco de índole funcional como una arritmia desencadenada por stress o un mecanismo inhibitorio. c) El Infarto de miocardio reciente también puede provocar la muerte sin que la histología pueda realizar diagnóstico. La correcta interpretación de los hallazgos del lugar del hecho y de la autopsia permitirá inferir la causa y entregar una presunción razonable de causa de muerte. Debe considerarse que en ocasiones un hecho traumático de índole emocional puede desencadenar un proceso fisiopatológico que culmina con la muerte como ocurre en ocasión de un infarto de miocardio o a partir de una crisis hipertensiva
  • Si bien la apariencia de muerte, por definición, no corresponde a una forma de muerte, se hace necesaria entregar un concepto sobre ella en éste capítulo. La muerte aparente es aquel estado en que las funciones vitales aparentan encontrarse abolidas como ocurre en la catalepsia. A lo largo de la historia ha dado lugar a numerosas conjeturas en relación a errores diagnósticos. Quizá sea la muerte aparente uno de los temas de la Medicina Legal en los que, a partir de las leyendas populares, más ha dado que hablar. Una de las leyendas populares en relación a muerte aparente más conocidas nos la relata Thoinot: “El caso de Vesalio se ha hecho célebre: Practicaba la autopsia de un gentilhombre español de la corte de Felipe II y tenía ya abierto el pecho, lo mismo que el pericardio cuando en el momento de descubrir el corazón observó un movimiento indicador de vida. Vesalio sólo pudo escapar a la sentencia de muerte por el favor de Felipe II, debiendo desterrarse en Jerusalén”. Vesalio, el conocido anatomista, era el médico de los reyes de España, nació en Bruselas y profesó en Lovania, Papua y Venecia. El caso de que se trata lo refiere ya el Diccionario histórico de Morera como una fábula de Languet” . Por más que resulte risueño no ha de considerarse este tema sólo en lo atinente a hechos pasados o de dudoso valor histórico. En la actualidad todavía ocurren hechos que hacen a éste tema actual y real. El diario “La Capital” de Rosario del día 01 de Agosto de 2007, titulaba: “Demandan a un sanatorio que dio por muerto a un anciano”, el texto de la noticia publicada en Policiales mencionaba que “El hombre estaba inconsciente y se descubrió que estaba vivo cuando era trasladado a la cochería; el PAMI dijo que investigará lo sucedido. Además el artículo periodístico hacía referencia a que “Los familiares de Juan Llandor, el hombre de 71 años que ayer a la tarde fue dado por muerto en un sanatorio privado de Quilmes contratado por el PAMI, y que horas después se descubrió que estaba vivo cuando era llevado a la cochería, denunciaron al establecimiento a la Justicia y aseguraron que la obra social de jubilados "es un desastre"”. Nótese además de la actualidad del tema, que cobra vigencia a partir de un diagnóstico equivocado por negligencia y/o impericia, el análisis que a partir de ello se realiza sobre la Obra Social toda con el consecuente reclamo judicial. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Vehículos fúnebres I



Una carroza fúnebre del año 1940 perteneciente a la funeraria Briz S.A. de la ciudad de Tacuarembó, Uruguay. Dicha empresa fue fundada en el año 1930 por el empresario Germán Ulises Balestra y aún sigue funcionando luego de más de 84 años de servicio. Observe la severa elegancia de la carroza con su diseño con arabescos propia del gusto de la época.

jueves, 13 de marzo de 2014

La Muerte


Título: "La Muerte"
Autor: Soho Tank
País: México
Fecha: 2011

 

domingo, 9 de marzo de 2014

Post Mortem LXXIX


Cuando los cadáveres, sean de adultos o de niños, aparecen retratados con los ojos abiertos, adquieren un aspecto mucho más impresionante. Será por aquello de que "los ojos son el espejo del alma". Pero sí a eso le agregamos la boca abierta, entonces el aspecto se vuelve inquietante y a veces aterrador. Sin embargo, en este caso, por tratarse de una niña, todo lo desagradable se ve atenuado en favor de un aspecto tranquilo y extático, como si ella ya estuviese ingresando en el Eliseo...

lunes, 3 de marzo de 2014

Subido al cielo...


Este aviso fúnebre fue publicado en el diario madrileño  El Imparcial en su edición del 17 de enero de 1885. Allí se anunciaba que niño Miguel Malo subió al cielo e invitaban por ese medio a la ceremonia fúnebre.

domingo, 2 de marzo de 2014

Esposa católica, esposo protestante



Esta curiosa fotografía fue tomada en un cementerio holandés en el año 1888. Muestra las tumbas de una señora católica y su esposo separados por un muro y unidos por un apretón de manos. La razón es simple: ambas religiones tenían sectores separados dentro del camposanto pero eso no les ha impedido mantenerse unidos más allá de la muerte...

viernes, 28 de febrero de 2014

Las causas de la vejez y de la muerte

 

Nuestro desmesurado deseo de vivir está en pugna con los achaques de la vejez y la brevedad de la vida. Poseemos el instinto de la vida, pero carecemos del de la muerte. La humanidad entera se estremece ante la muerte, ante el espectro de la degradación física y moral de la vejez. Las mismas religiones solo le han producido un débil consuelo. Predican la resignación ante lo inevitable, y para mitigar el pavor, para satisfacer el deseo innato de vivir, de vivir sin tregua, nos auguran que hemos de renacer en otra vida mejor: la vida eterna. En su inmensa piedad por la pobre humanidad, a la que nada podría consolar de la pérdida de la vida terrenal, estas religiones afirman rotundamente que la otra vida será infinitamente mejor. Sin embargo, ateos y creyentes piden a Dios o a la ciencia que les prolongue la existencia sobre la tierra y les aleje los achaques degradantes de la vejez. 

Desgraciadamente, cuando menos hasta estos últimos tiempos, la ciencia se ha mostrado impotente para procurar un remedio a la vejez y alejar el término fatal. Conocemos las causas indirectas de la senectud, los efectos de ciertas dolencias; pero ignoramos completamente la razón íntima de la decadencia de nuestros órganos, decadencia que se produce inevitablemente en una época casi fija. Por encima de las causas banales, queda una incógnita insuperable: ¿Podremos abordarla, podremos penetrar el misterio de nuestro organismo y dar con la causa primordial de nuestra vejez y de nuestra muerte? Únicamente la solución a este problema, al descubrir el secreto de la naturaleza, podría encaminarnos hacia el remedio posible contra el estado senil, que a cierta edad influye lamentablemente sobre nuestro cuerpo. 

Por arduo que sea el problema, no debe considerarse fuera del alcance de las investigaciones permitidas a la ciencia. La imposibilidad de conocer el origen de la vida y la aparición del primer ser viviente, en ningún modo debe excluir la posibilidad de descubrir la causa de la muerte. En efecto, el origen de la vida se remonta a millones de años, y actualmente nos es imposible reconstruir las condiciones atmosféricas: calor, humedad, composición del aire, radiaciones, así como el estado de la materia, muy particular en tal circunstancia, que permitieron el surgimiento de la vida. 

Por el contrario, la muerte es un fenómeno que en hartas ocasiones nos es dable observar. Nuestro estudio puede extenderse desde el ser más simple al organismo más complicado. Es más, por la experimentación podemos comprobar una hipótesis que nos sugiere la observación: si bien nos es imposible crear artificialmente la vida, artificialmente podemos realizar las condiciones que aceleren o alejen la muerte. La investigación en este sentido está por lo tanto justificada, y el fracaso de las investigaciones anteriores no debe invalidar ningún nuevo esfuerzo que tienda a resolver este problema, el más grave, el más avasallador para la humanidad.

De "A la Conquista de la Vida" por el Dr. Sergio Voronoff; Editorial Claridad, Buenos Aires, s/f.