jueves, 21 de febrero de 2013

De la vejez



El anciano ha desempeñado ya su papel, y si vive el individuo, este ya no se reproduce. La facultad de procrear se pierde en ambos sexos al llegar a esta edad. En el hombre, el esperma ya no posee su virtud prolífica, y en la mujer ha cesado la menstruación y con ella la secreción de los óvulos. Los tejidos se ponen más flojos, el rostro se arruga y los cabellos encanecen. Los dientes principian a moverse, se caen, y la digestión es más difícil, más lenta y menos completa. La circulación se hace más lenta, y las osificaciones que invaden las cubiertas de los pequeños vasos hacen menos completa la asimilación.

Los órganos de los sentidos se debilitan: se turba la vista y el oído se empieza a embotar. Los movimientos se ejecutan con lentitud; los músculos menos irritables, se contraen con menos facilidad. Los tejidos fibrosos tienden a osificarse, y los huesos se hacen menos densos y frágiles. La voz se debilita y se hace menos pura y más cascada. A medida que pasan los años, la decadencia hace continuos progresos, y la muerte pone fin a una existencia ya inútil.

Del "Tratado Elemental de Fisiología Humana" por J. Beclard; II edición, Librería extranjera y nacional, científica y literaria de Carlos Bailly-Bailliere; Madrid, 1871.

No hay comentarios: