domingo, 3 de febrero de 2013

Yudictira lleva luz al infierno



Refieren las tradiciones de la remota India, que el rey Yudictira, deseando conocer la morada del sufrimiento, precedido de un mensajero de los dioses, se internó en el infierno, la región de las sombras. 

Mientras el monarca descendía, divisaba, a través de la oscura niebla, los cadáveres envueltos en llamaradas de fuego abrasador. Reptiles e insectos venenosos se deslizaban entre las rocas, y, sobre ellos, volaban siniestros buitres que llenaban de espanto las almas de los perversos que allí yacían. Yudictira, aterrorizado por la horrible visión, iba ya a retroceder, cuando oyó una voz que le imploraba en las tinieblas:

"Acércate, poderoso rey, llega hasta nosotros para calmar nuestros padecimientos. A tu alrededor se esparce una frescura suave, que se desprende de tu espíritu piadoso y justiciero. Quédate con nosotros, pues en tu presencia los dolores cesan".

Se detuvo el rey, sorprendido, y pronto reconoció a quienes se lamentaban. Entonces, indignado por la injusticia de los dioses, exclamó volviéndose al mensajero celeste que lo precedía: "¡Vuélvete solo a la morada de Indra! Yo me quedaré aquí, donde están los que amo". Y olvidando los maravillosos palacios que poseía en la tierra, permaneció en el tenebroso lugar, para aliviar a las almas culpables.

El guía, de retorno al ancho cielo, contó a los dioses la resolución de Yudictira, y las divinidades, que llenas de admiración evocaron la figura heroica del rey, descendieron al infierno para acompañarlo.

Y con la llegada del gran Indra, cesaron los ríos de fuego, los monstruos alados y las terribles visiones que atormentaban a los malos. Una brisa suave sopló por la inmensa caverna, y junto con el perdón de Indra penetró la luz bienhechora de los cielos.

Leyenda inda

Extraído del libro "Moral Activa" de Olaf Blixen; Imprenta Artística, Montevideo, 1940.

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