sábado, 28 de abril de 2012

Los abuelos de un gran hombre



AQUI DESCANSAN LOS RESTOS DE 
Da. MANUELA LLAMAS
que falleció el 15 de julio del año 1833
y los de su esposo
Dn, BARTOLOMÉ NICOLÁS PIÑEIRO
que murió el 19 de agosto del año 1836
SUS HIJOS LE DEDICAN ESTE RECUERDO

Nuevamente una lápida del Cementerio Central de Montevideo nos depara una sorpresa, como lo es el descubrir a quien corresponden los restos que descansan tras ella. En este caso se trata de los padres de Rosario Piñeiro y Llamas, la madre de José Enrique Rodó (1871-1917). Es decir que en esta tumba yacen los restos mortales de los abuelos maternos de Rodó, a los que jamás conoció, ya que fallecieron más de 35 años de su nacimiento. Si tenemos en cuenta que la abuela de Rodó falleció en 1833, podemos deducir que Rosario Piñeiro tenía al menos 38 años de edad (o quizás más) cuando nació José Enrique en 1871. Eso se comprende fácilmente cuando sabemos que fue el sexto hijo. No me resulta difícil imaginarme a Doña Rosario y sus hijos visitando la tumba de sus padres, a los que apenas conoció, y depositando flores ante la fría lápida de mármol blanco. Me imagino al joven Rodó recorriendo con gusto el Cementerio Central como lo demuestra una fotografía en la que se lo ve de pie debajo de un pórtico. Acaso en este lugar encontraba alguna tranquilidad o inspiración para escribir como el Rey Hospitalario en su recinto interior...


1 comentario:

Parlanchín dijo...

JOSÉ ENRIQUE RODÓ (1871-1917): Una de las mentes más universales en la Literatura Hispana fue la del uruguayo José Enrique Rodó. El autor de Ariel, se le puede considerar el ensayista de mayor influencia del Modernismo. Sus obras causaron gran repercusión en la juventud de toda la sociedad hispana del Nuevo Mundo, tanto así que surgieron muchos llamados “arielitos” inspirados en su filosofía.

Nació en Montevideo, José Enrique Rodó llegó a formar parte de aquella revolución literaria, y política, que comenzó a finales del siglo XIX en el Uruguay. Su exposición fue tan aceptada que es considerado, con excepción de Rubén Darío, el modernista de mayor popularidad.

Además de ser reconocido como un distinguido escritor desde su juventud, Rodó también tomó parte activa en la sociedad. Por varios años sirvió como delegado en la Cámara de Diputados de su país, fue director de la Biblioteca Nacional, y profesor de la Universidad. Junto con otros talentos uruguayos editó publicaciones de alto valor literario y sirvió de corresponsal en varias revistas y periódicos, entre otros La Nación de Buenos Aires.