viernes, 4 de julio de 2025

Velorios en Entre Ríos


Si no fuese por el viaje un poco largo, os aconsejaría que fueseis a morir a Entre Ríos, porque al menos tendríais el consuelo de saber que vuestra muerte hará pasar a muchos vivos una noche de alegría. Cuando, de miembro viviente de la sociedad, un hombre se ha transformado en cadáver, se le viste  inmediatamente con sus mejores trajes y se le acomoda en un cuarto, sobre un féretro o sobre el suelo. Esta operación se hace con tanta solicitud, que, llamado muchas veces a distancias de algunas millas para socorrer a un moribundo, lo encontré ya vestido y rodeado de un cerco de velas de sebo, esperando que entrase la noche para recibir el tributo del "velorio". Sin conocer los estudios de Brown-Séquard, aquella buena gente sabe distinguir el momento en aparece la rigidez cadavérica y se apresura a vestir a sus muertos antes de que ésta se lo impida. 

Al velorio se invita a todos los parientes y amigos; por sí mismos se invitan los vecinos, los parásitos y los holgazanes. El objeto es velar una noche, rogando en favor del alma que ha partido, pero entre uno y otro rosario, se toma mate, se come, se bebe y se juega. La descarada gritería de los jugadores y el rastro de sus palabras de amor, interrumpen el murmullo triste y lento del De profundis, al que se dedican algunos pocos deudos. El concurso de la alegría y del dolor, de la vida y de la muerte, forma un contraste tan inarmónico, que no se puede por lo menos que temblar, pensando en la extrañísima pasta de la que está hecho el Homo Sapiens de Linneo. 

Sin embargo, creed, bajo mi palabra, que los entrerrianos no son más duros de corazón, ni más escépticos que los romanos, que pagaban las lágrimas, y compradas, las encerraban en la urna, en ludibrio del silencio venerable de la muerte, o como los buenos milaneses, que huyen de la casa del difunto, no sé si por horror del féretro o en salvaguardia de su propio egoísmo. Cuando en Entre Ríos muerte un niño, el velorio es acompañado siembre con bailes. De aquí deriva el proverbio argentino: "Morí para que bailemos". Triste escuela para la juventud, que educándose para la vida, ve recibir con fiestas a la muerte.

PAOLO MANTEGAZZA

NOTA: Paolo Mantegazza (1831-1910) fue un médico, antropólogo y viajero italiano que dejó una importante obra reconocida internacionalmente. En 1854 llegó a la República Argentina, a la que recorrió estudiando sus costumbres, enfermedades, remedios naturales, psicología y otros aspectos médicos y sociales.

jueves, 20 de febrero de 2025

Visita a un cementerio


17 de marzo de 1861 - A las primeras horas de esta tarde se ha reapoderado de mí una languidez homicida; disgusto y lasitud de la vida, tristeza mortal. He andado errante por el cementerio; yo esperaba que en aquel lugar me recogería y reconciliaría con el deber. ¡Vana quimera! El mismo campo del reposo se había hecho inhospitalario. Unos obreros raspaban y arrancaban el césped; los árboles estaban secos, el viento frío, el cielo gris; una aridez prosaica y profana deshonraba el asilo de los muertos. Me ha impresionado fuertemente este gran vacío de nuestro sentimiento: el respeto de los difuntos, la poesía de las tumbas, la piedad del recuerdo. Nuestros templos están demasiados cerrados, y nuestros cementerios demasiado abiertos. El resultado es el mismo. El alma agitada, atormentada que quisiera encontrar fuera de la casa y de las miserias cotidianas un lugar donde orar en paz, o derramar ante Dios sus angustias, o recogerse en presencia de las cosas eternas, no sabe adonde acudir. Nuestra Iglesia ignora estos sentimientos del corazón, no los adivina, tiene poca previsión compasiva, pocas consideraciones discretas por las penas delicadas, ninguna intuición de los misterios de la ternura, ninguna suavidad religiosa. So pretexto de espiritualidad, lastimamos aspiraciones legítimas. Hemos perdido el sentido místico, y sin él ¿qué es la religión? una flor sin perfumes. ¡Siempre estamos repitiendo arrepentimiento, santificación! Pero también la adoración y el consuelo son dos elementos esenciales, y quizá deberíamos darles más lugar.

Del "Diario Íntimo" de Henri-Fréderic Amiel. La España Moderna. Madrid. 

HENRI-FRÉDERIC AMIEL (1821-1881): Filósofo y escritor suizo, autor de un "Diario Íntimo" del cual ha dicho Renán: "Este libro admirable ha revelado el poderoso genio de Amiel".

sábado, 1 de febrero de 2025

Caja china I

Ejemplo de caja china: Damas montevideanas fotografiadas en la década de 1840.

La particularidad de estas fotografías es que en ellas los familiares posan junto al retrato fotográfico del difunto –retrato, en general, tomado en vida- que acompaña como si estuviera allí con su familia. Este interesante y temprano uso de la fotografía dentro de la fotografía (con fuerte puesta en primer plano de los vínculos familiares) modelará un formato cuyos ecos pueden imaginarse en algunas elecciones estéticas actuales. (...) En un daguerrotipo perteneciente a la colección Cuarterolo, se ve a dos mujeres sentadas, una vestida de negro, mayor que la otra y posiblemente su madre, que sostiene en su falda un pequeño retrato. Aunque difícil de discernir quién aparece en la fotografía sostenida, la ausencia evidente de un hombre que ocupe el rol del padre da una pista concluyente: se trata de una viuda y su hija posando junto al retrato del marido/padre muerto. 

Tomado de: Cajas chinas. La foto dentro de la foto o la foto como cosa1 por Natalia Fortuny. En; Revista Chilena de Antropología Visual - número 17 - Santiago, Julio 2011 - 43/70 pp

jueves, 30 de enero de 2025

Testimonio de la triste muerte de un adolescente desconocido

Querubín - Dibujo a lápiz de autor desconocido. Siglo XIX.

He visto un desgarro de esta clase en un niño de 13 años que se extendía desde el tercio inferior de la pierna hasta el dorso del pie cerca de los dedos, trilaceradas todas las parte menos el tendón de Aquiles y los músculos plantares. No se amputó, sobrevino una grave inflamación, daba a menudo sangre, se presentó una abundante supuración que insensiblemente aniquilaba al individuo, y el cirujano a pesar de todos estos síntomas tan alarmantes se empeñaba en conservar el miembro, fundándose en la edad del sujeto, y en que la cicatrización en los niños es muy rápida. Estas razones, sin embargo, nada podían en quienes las escuchaban e insistían siempre en la operación. Una mañana la propuso el cirujano al paciente, este se puso a llorar y al día siguiente no existía. En este caso, concluyo, la indicación era positiva, debió operarse en el momento, y si esto no se pudo hacer por la inflamación que se presentó, no debía haberse esperado que quedase solo un día de vida al enfermo. ¡Cuántos casos desgraciados se observan generalmente porque el cirujano se deja conmover de los ayes que va a exalar el enfermo durante la operación!

Tomado de la "Disertación sobre el tiempo que deben amputarse los miembros" [manuscrito] : Sostenida en Buenos Aires el día 13 de diciembre de 1833 por Indalecio Cortinez, bajo la dirección de su maestro el Doctor Don Juan J. Montes de Oca.

NOTA: ¿Quien era es este chico? No conocemos siquiera su nombre y seguramente nunca lo sabremos. Solo conocemos esta referencia acerca de las terribles circunstancias de su muerte gracias a este testimonio desgarrador que consta en la tesis doctoral de un estudiante de medicina argentino presentada en el año 1833. Que este recuerdo sirva a modo de homenaje póstumo a dos siglos de su muerte. 

viernes, 27 de diciembre de 2024

La muerte por hemorragia

Un sentimiento natural une a la idea de perder su sangre un terror maquinal, de que es tan susceptible el niño que empieza a expresarse como el hombre de mas valor. No podemos decir que este temor sea quimérico, porqué si se contasen los que pierden la vida en una batalla, veríamos que tres cuartas partes perecen por alguna hemorragia, y en las grandes operaciones quirúrgicas este accidente es casi siempre el más terrible.

MORAND: Memorias de la Academia de cirugía.

NOTA: El cirujano Sauver François Morand (1697-1773) fue un académico francés, miembro fundador de la Academia de Cirugía de París en 1731 y miembro de la Real Academia de Ciencias de Francia. También fue un destacado colaborador de la Enciclopedia. Realizó investigaciones en los campos de la cirugía y la anatomía patológica de las que dejó referencias en varios tratados y memorias que tuvieron gran influencia en sus contemporáneos y en la siguiente generación de médicos del siglo XIX.

jueves, 26 de diciembre de 2024

La agonía en sentido teológico

La Agonía de Jesús en el Jardín de los Olivos

AGONÍA (del gr. agonía, "combate", "lucha"). Los últimos instantes de la vida, caracterizados por la congoja que invade al moribundo. En sentido teológico, desígnase por Agonía Domini o Agonía del Señor a las mortales angustias que invadieron el alma de nuestro Adorable Redentor en el Huerto de los Olivos, próxima su Pasión en el momento en que todas las fuerzas del mal se cebaban triunfantes en su naturaleza humana, con permisión de la divina, y le obligaban a una lucha moral antes de entregarse a los tormentos físicos que debía padecer. Los discípulos predilectos, Pedro, Juan y Santiago, los mismos que habían gozado de la visión gloriosa del Señor en la Transfiguración, fueron incapaces de velar y orar con Él, cuando la humanidad abatida del Salvador tanto debía de necesitar del auxilio de sus oraciones. Con el alma presa del desengaño y la amargura retiróse Jesús a cierta distancia del sitio en que dormían los tres discípulos, para sufrir, completamente solo, los dolores de la agonía. Durante la misma, se le apareció un ángel, que vino a confortarle, pero los sufrimientos y angustias de aquella hora fueron tan horribles, que llegó a sudar gotas de sangre. La Agonía se refiere en Mat. XXVI, 38 y Marc., XIV, 34. y sólo en Luc. XXII, 43. la Consolación del ángel y el Sudor de sangre. La autenticidad de Luc., XXII, 43. demostrada ya por san Justino (Dial., 103, 8), es aceptada hoy generalmente, ya que importantes manuscritos y traducciones citan este pasaje. Igualmente se afirma por la sentencia de la Comisión Bíblica de 26-VI-1912 (Acta Ap. Sed., IV. 463) y Euchir, Bibl., 1927, n. 410.

De la Enciclopedia Católica, T. I. Dalmau y Jover edit. Barcelona, 1956, p. 270.

viernes, 24 de mayo de 2024

El misterioso retrato post mortem de Miguel Antonio Vilardebó

Retrato post morten de Miguel Antonio Vilardebó

Autor: Albin Favier

Óleo sobre tela - 54 x64,5 cm

Museo Histórico Nacional - Montevideo

En el acervo del Museo Histórico Nacional de Montevideo se encuentra un curioso retrato post mortem  obra del pintor Albin Favier en el siglo XIX. Se trata del poderoso empresario Miguel Antonio Vilardebó (1773-1844) retratado inmediatamente después de su muerte a pedido de su familia, según costumbre de la época. Lo que llama la atención es el misterioso vendaje sanguinolento atado a la cara del personaje. Durante mucho tiempo se ha especulado acerca de dicho vendaje, tan inusual en los retratos post mortem y si tiene alguna relación con alguna enfermedad o lesión vinculada a la muerte del personaje. Recientemente un grupo de peritos forenses de la Universidad de la República liderados por el patólogo Dr. Eduardo Soiza Larrosa ha realizado un análisis del retrato desde una perspectiva médico legal y ha resuelto un misterio de 177 años. 

Quienes quieran conocer la conclusión, pueden descubrirla aquí: Análisis médico legal MHN

miércoles, 31 de enero de 2024

Crepúsculo


La tarde muere en una agonía lenta... El Sol desciende moribundo en un horizonte rojo, como vencido entre un mar de sangre; sus últimos rayos, sin fuerzas ya, colorean los tejados de las cabañas; Después... llega su muerte final.

Las sombras crepusculares invaden las llanuras, retornan a sus nidos; las vacas balan con balidos fúnebres. Después... Silencio de campiña... soledad de desierto... murmullos de aves e insectos en las selvas vírgenes. ¡Salve a ti! ¡oh, Naturaleza! 

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Y mientras la soledad y el silencio, invade los campos y los bosques; y los bosques; y la dicha, la felicidad, y el reposo se albergan en los corazones campesinos, allá lejos en la ciudad degradada y corrompida se oye una algazara infernal; es la chusma malsana que se agita, los gusanos comienzan a roer el cáncer de humores pútridos.

¡Sociedad vil y maldita!

Luis Ravagni


lunes, 27 de febrero de 2023

José María, ¡12 años!


José Ma. Menéndez, de edad 12 años, domiciliado en el "Bañado" (Sección 12), se asiste en este hospital de una herida contusa de la mano derecha; herida que marchaba a la cicatrización en muy buenas condiciones; estando aun en tratamiento piden de casa del enfermo asistencia a domicilio, pues éste se encontraba imposibilitado de venir al hospital a continuar sus curas. Estando de guardia ese día me trasladé al domicilio del enfermo. El enfermo se encontraba en cama aparentando estar tranquilo. Sólo, si, lo dominaba un terror pánico y repetía siempre estas palabras: "Ya me vuelve otra vez. Si me vuelve me voy a morir." 

Hice un examen muy superficial del enfermo, pero noté que había cierto grado de rigidez en los músculos de la cara y del tórax; por estos datos y por el interrogatorio que hice a la familia, presumí que se trataba de un caso de tétanos; traté entonces de buscar la puerta de entrada a la infección, preguntándome si la herida de la mano sería el foco infeccioso. 

Examinado el enfermo, encontré en un pie una herida (producida por un vidrio) posterior a la herida de la mano, que se había hecho el enfermo días antes andando descalzo en la tierra de los alrededores de su casa, en juego con otros compañeros, herida en malas condiciones, sucia y llena de tierra; por tanto, no vacilé en suponer que esta herida del pie era muy probablemente la causa de la enfermedad; un momento antes de retirarme, moví la cama del enfermo y entonces le pude observar en pleno ataque tetánico. Dada la gravedad del pronóstico de esta enfermedad, y para mejor atención, le di pase al Aislamiento para que allí fuese tratado. El enfermo murió allí.

Observación primera de la Tesis doctoral de Medicina del Dr. Félix Silvera. Buenos Aires, 1899.

lunes, 31 de enero de 2022

Inhumaciones de vivos



El enterrar personas vivas, creyéndolas muertas, es más frecuente de lo que se puede pensar. Muchos son ya los casos sucedidos, y los gobiernos de las naciones civilizadas dictaron providencias serias, para cortar el abuso de precipitar el entierro de los muertos. En los países cálidos deben mediar veinte y cuatro horas, y cuarenta y ocho en los fríos, salvo algunas bien motivadas excepciones. Lo más prudente para evitar éste, el más terrible de todos los males, sería el de velar cuidadosamente a los presuntos cadáveres, y no darles sepultura hasta la evidencia de los signos de la muerte. Estos son: 1°. la suspensión de la respiración; 2°. la opacidad de los ojos; 3°. la frialdad de todo el cuerpo; 4°. la inflexibilidad de los miembros; 5°. el olor cadavérico y 6°. la putrefacción incipiente. 

Las enfermedades, que pueden dar lugar a creer, que un cuerpo esté muerto son: la síncope, la catalepsia, la estrangulación, la sofocación, los envenenamientos y los ahogados. Es necesario no sepultar los cuerpos de estos males, hasta observar los principios de la putrefacción; no importan los días que pasen. Las muertes repentinas, pueden provenir también de osificación o ruptura del corazón, de los aneurismas de la aorta, de una hemorragia interna, de la apoplejía. Puedan estas reflexiones servir a los deudos de corazón poco sensible, que apenas ven expirar los infelices pacientes, ya quieren expulsarlos de casa. ¡Consideren el horror de verse vivo en un sepulcro!

De: "Medicina doméstica, o sea, arte de conservar la salud, de conocer las enfermedades, sus remedios y aplicación, al alcance de todos" por J. G. de J. Pérez. Buenos Aires. Imprenta de la Revista, 1854.

martes, 4 de enero de 2022

Reflexiones sobre la muerte

En nuestros números anteriores hemos tratado sobre el hombre desde su creación, describiendo su organización o estructura de su cuerpo y sus sentidos, y el análisis de la sangre en la que parece estar la vida animal, ahora será nuestro deber tratar de la muerte bajo todos sus aspectos, y en todas sus relaciones con el individuo y con la sociedad. La voz muerte. es una contraposición de sentido con la palabra vida y puesto que a la privación de esta se sigue aquella; pero entre estas dos palabras hay una diferencia, y esta es, que la vida tiene principio, curso y fin, pero la muerte no tiene fin, curso ni principio, porque no tiene existencia, no es mas que una privación, una quimera, una nada, es el termino prescrito por la naturaleza, o puesto por la violencia a la vida.

La muerte en el bruto es la mera privación de la vida, mas en el hombre no solo es privación de la vida animal, mas la separación misteriosa de un alma espiritual que ha estado unida á su cuerpo como su habitación, y por la destrucción de su morada pasa á vivir independiente en un otro mundo. En esta relación merece la muerte del justo el primer lugar en nuestras reflexiones, cuyo objeto principal será desvanecer algunos errores que la ignorancia ha confundido con la religión.  

De "El Instructor o Repertorio de historia, bellas letras y artes". 1/1837, n.º 37.

NOTA: Este interesante artículo de "El Instructor", fechado en 1837, consta de dos asuntos que se irán transcribiendo en las próximas semanas: I - Muerte natural y II - Muerte violenta.

lunes, 3 de enero de 2022

Ocurrencia muy extraordinaria


Varios papeles alemanes refieren la siguiente y extraordinaria circunstancia ocurrida en Breslau hace pocas semanas. Una monja Ursulina murió en el convento do aquella ciudad, en Silesia, y fue depositada en un féretro en la iglesia. Al principio de la primera noche, fueron las monjas a la iglesia (en estos conventos no hay rejas), a cantar la vigilia según la costumbre de aquella comunidad, cuando en la mitad del oficio, la difunta se fue levantando muy despacio, salió del féretro, y con pasos trémulos fue hasta el altar, se arrodilló apoyándose de una baranda, y se puso en oración. 

Las monjas, como es regular suponer, se asustaron y dejando caer de las manos los rituales, salieron dando gritos, y corriendo por todas partes. Informada la abadesa de lo que había ocurrido, e incrédula a lo que le decían, porque la había visto morir, fue hacia la iglesia con las otras monjas más atrevidas, y vio actualmente a la difunta volver del reclinatorio, y con aparente dificultad volvió á tenderse en el féretro y cerró les ojos para siempre. La abadesa mandó luego llamar al médico, el que declaró que la monja estaba muerta, a lo menos en aquel tiempo. Al día siguiente pasaron el cadáver al ataúd y quedó enterrada.

De "El Instructor o Repertorio de historia, bellas letras y artes". 5/1836, n.º 29.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Cosas dormidas


¡Cuántas fuertes impresiones dormidas o muertas tenemos aquí dentro, en nuestro espíritu! ¿Estarán solo dormidas? Acaso sí. Muchas veces despierta alguna en el recuerdo, y se nos aparece nítida y transparente: es la menos esperada, la que no llamamos, quizá la que no deseamos, y que hubiera podido suponerse muerta para siempre, o tan débil, que jamás se la hubiera creído con fuerza suficiente para alzar la losa del  tiempo que la cubría. Sobre ella habían caído otras impresiones pesadas como montañas. Y, sin embargo, se levanta de repente; se impone imperiosamente, y nos hiere el alma o nos la llena de melancolía. Viene a veces de lejos; de la niñez, de la primera juventud. ¿Se alzarán alguna vez todas nuestras dormidas sensaciones? 

¿Se levantarán algún día a la voz del arcángel que golpee los sepulcros llamando a los huesos: Ossa  anda audite verbun domini? ¡Oh! sí. Ese será nuestro juicio. Las notas dormidas en las cuerdas del arpa inmortal, que hoy suelen despertar dis­persas y melancólicas, despertarán unidas un día para formar el tremendo acorde de la vida humana; las cuerdas vibrarán con vibra­ción inaudita y eterna, y nuestros oídos oirán y nuestros ojos  verán, en un segundo, sonidos y colores de una vida. No han muerto nuestros  actos  olvidados; existen  nuestros  recuerdos  desvanecidos. Cuando se nos aparece uno de ellos inespe­rado, es el nuncio de una época muy remota que nos dice claramente que, como él, todos y cada uno de ellos  son  para nosotros, con solo presentarse, tristeza ó alegría, placer ó amargura, infierno o paraíso.

Y  sin  embargo, el amable recuerdo de ayer se borra; la fresca impresión se desva­nece. Nos es imposible detener el instante feliz que huye, dejar su huella siquiera en el alma que siente, para llamarlo en nuestra ayuda en el momento oportuno. Hay recuer­dos viejos que podrían curar heridas nuevas y hasta hacer primaveras en los recuerdos del  alma. Pero  nuestros  recuerdos ya no nos pertenecen; se  mueven  obedeciendo una  voluntad;  mas esa voluntad no es la nuestra.

Juan Zorrilla de San Martín

Escrito especialmente para la revista "Atenas" (set. 1913).


martes, 30 de noviembre de 2021

Nueva descripción del infierno


Predicando un párroco de aldea sobre los tormentos del infierno, los pintaba como insoportables por el frío excesivo que allí hace y decía: -Si oyentes míos, es tan riguroso el frío que se caen las narices  heladas, las orejas, etc. y en fin, hiela el fuego.- Como entonces era precisamente la estación de invierno que hacía temblar en la iglesia a todos los feligreses. Al oír que se caían las narices muchos echaron manos a las suyas y uno después del sermón le preguntó porqué había dicho que hacía frío en el infierno cuando todos los teólogos sostenían que allí era el calor por fuerza horroroso no habiendo más que fuego y llamas por todas partes para castigo de los condenados por toda la eternidad. -¡Oh! hay una razón muy poderosa para explicarme así; pues si yo hubiese dicho a mi auditorio que hacía calor, todo el mundo se hubiera condenado por allí a calentarse dejad que que venga el verano y los disuadiremos de este error.

De "La Mariposa";  n. 6, Montevideo, 06 abr. 1851.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Servicio fúnebre


El martes 14, tuvimos el gusto de asistir a la Iglesia Matriz, al servicio fúnebre que la población italiana celebró en honor de las matronas María Mazzini y Rosa Garibaldi. Diremos brevemente el todo de la función. A pesar de ser día de trabajo había bastante concurrencia. Además de las damas italianas, notamos lo más lucido de las Señoritas y Señores Orientales que con su presencia daban realce a la fiesta. Parte de la compañía lírica italiana cantó la Misa (de Giuffra) y tuvimos el placer de oír por primera vez a tan fascinantes señores. El túmulo en forma piramidal, estaba adornado con inscripciones relativas a los objetos de la fiesta. A la entrada del templo, había también un cuadro con una inscripción en italiano, que sentimos mucho no poderla reproducir. Ocupó la cátedra de San Pedro el presbítero Bechis; se ocupó de las virtudes de ambas matronas; y concluyó pronosticando la suerte futura de la Italia. Solo deploramos que el panegírico fuese leído, lo que ha dado lugar a grandes críticas.

De: "El Observador", Nº 15, Montevideo, 21 dic. 1832.

sábado, 18 de septiembre de 2021

La antropofagia en el Brasil

Canibalismo en Brasil en 1557, grabado de Theodor de Bry

Clemente N., de 22 años de edad, natural del municipio de Salina (Brasil), mató hace tiempo, a una mujer llamada María en los márgenes del río Jundiá, y haciendo fuego en ese lugar, después de asar la carne de la desgraciada, la comió en compañía de su amante, de nombre Francisca. Poco tiempo después, armado de un garrote, mató a su amante, devorándole las carnes enseguida. Aún no habían pasado diez día y ya el caníbal celebraba otro banquete con los cadáveres de dos infelices criaturas, hijas de Franceca.

No satisfecho con tantos horrores, invitó una tarde a un amigo de nombre Simplicio para un paseo, y consiguió que el infeliz pernoctase en su casa, matándolo mientras dormía. El cadáver del desgraciado sirvió de pasto al apetito monstruoso y feroz del caníbal. Algunos meses después asaltó a un tropero llamado Basilio, lanzóse sobre él y le asesinó. En momentos que se disponía a empezar el festín con los restos de su víctima, apareció la justicia, y rodeando la casa consiguió capturarlo.

Llevado a presencia de la autoridad policial, Clemente declaró que la primera vez que comió carne humana en casa de un individuo de nombre Leandro, que mató a un sino llamado Manuel. El criminal hizo esta declaración con la mayor calma, y no ha revelado desde el momento de ser aprehendido la más pequeña señal de arrepentimiento.

De "El Avisador", Salto Oriental, (13 ene. 1891).

viernes, 9 de julio de 2021

El suicida

 Erizado, en desorden el cabello,

Convulso el labio, el pecho jadeante,

Hondos los ojos, pálido el semblante

Donde se nota de la angustia el sello:


De una lámpara al trémulo destello

Que asemeja a su vida vacilante, 

Leyendo un pliego, traicionado amante

A un joven vése, adolescente y bello.


De súbito, su pecho se dilata, 

Colorea la sangre su mejilla...

Pronuncia apenas la palabra "¡Ingrata!"

Coge un arma fatal y la amartilla...

¡Una horrible explosión!... un ¡ay! al poco

Y después, un cadáver!... ¡Pobre loco!...


Heraclio Fajardo

NOTA: El poeta y periodista uruguayo Heraclio Fajardo (1833-1867)  dejó un libro de versos "Arenas del Uruguay", un drama "Camila O'Gorman" y algunos trabajos históricos. Sustituyó a Juan Carlos Gómez en la dirección de "El Nacional". Su hermano Carlos hizo también versos, que, según los críticos de aquella época, eran correctos y apreciables por su inspiración. Su único mérito era el de su palidez, producida por el romanticismo, a base de vinagre, y lamentos de dudoso gusto.

miércoles, 13 de enero de 2021

Los entierros en la antigua Montevideo

"El entierro del borracho"- Óleo de Pedro Figari

Por Real Cédula promulgada en estos reinos en octubre de 1752, se prescribió que en los mortuorios de adultos, fuese el forro de los cajones o ataúdes, de bayeta, paño u holandilla negra, clavazón pavonada y galón negro; pudiendo ser de cualquier color y de tafetán doble los de los párvulos. En cuanto a velas en los entierros, se ordenaba que sólo podrían ponerse doce hachas o cirios en el túmulo, y cuatro velas en la tumba. De ahí nació la costumbre de las cuatro velas puestas a los fallecidos en el velorio. Arreglado a lo prescripto, no se empleaba otra tela que la bayeta, paño o coco negro en el forro de los cajones mortuorios, en tiempo de nuestros antepasados. Eso vino a modificarse desde la época de la dominación portuguesa, en que se alternaba con tela de más valor, tachonado amarillo y galón de oro para los ataúdes de los pudientes.

Entre los más lujosos de ese tiempo, descollaron los de la señora del general Maggessi, cuyo féretro tuvo su capilla ardiente en la del Fuerte, que apareció toda enlutada, como una gran novedad, y conducido con pompa a la iglesia Matriz, donde se le dio sepultura inmediato a altar de Santa Catalina. Dos años después fue exhumado y llevados sus restos mortales a Europa. Otro entierro de lujo fue el de la señora Dolores Oribe, esposa del brigadier Calado, y el del brigadier Márquez, ocurrido el año 24, en el cual fue enlutada la casa que habitaba conocida por de Aladana. En la época del gobierno patrio, la primera casa de particulares que se enlutó, fue la del Jefe de la familia Bustamante, calle de San Joaquín, cuando falleció, destinándose todo el género empleado en el tapizado a los pobres. Bien empleado.

En los tiempos de que venimos hablando, y hasta el año treinta y tantos, era costumbre amortajar de hábito del Carmen, de Dolores y de San Francisco, a las personalidades pudientes, ya las demás de tela blanca. Se pagaba hasta 25 pesos por un hábito franciscano de los Padres Conventuales, que cuanto más viejo era, más caro costaba, por las indulgencias que se le atribuían. Sucedió una vez en cierta casa de extramuros, en tiempo de los imperiales, donde había fallecido don Manuel de los Sancos, que se llamó un sastre para que cortase la mortaja. El pobre sastre tomaba la medida, pero no daba pie en bola. La cosa urgía y era menester salir del paso. Se recurre a una buena señora doña Pepa, práctica en eso de mortajas, quein en un verbo toma las tijeras y corta el hábito con no poca admiración del sastre.

Todavía por los años treinta y tantos subsistía la costumbre antigua de amortajar de hábito religioso, como sucedió con el capitán Pedro Villagrán, y aún después, con otro sujeto de distinción, que fueron amortajados del Carmen. Los cuerpos de los fallecidos se conducían al depósito de la iglesia Matriz, para los oficios de sepultura o misa de cuerpo presente. Esa operación se efectuaba de noche, en la que los acompañantes, a manera de procesión, llevaban faroles encendidos. Efectuado el entierro, mediante el pago del permiso de sepultura, que antiguamente no pasaba de cuatro reales, era de regla volver el cortejo a la casa mortuoria, de donde no se despedía el duelo sin el obligado chocolate con bizcochuelos, con gran satisfacción, sin duda, de nuestro buen Martorell y de don Bartola el confitero, que daban salida honradamente a sus artículos.

Se acabaron las mortajas de uso de aquellos tiempos, los faroles, el chocolate, los responsos del buen padre Cocobí, y todo lo llamado antiguo en punto a entierros, quedando apenas, en uno que otro velorio de personas religiosas la costumbre del rezo del rosario en sufragio del alma del difunto. A otros tiempos otras costumbres. En el día todo parece transformado, como el viejo Montevideo, por la ley del progreso moderno. Ahora está en moda la frase de orden: -"el duelo se despide en el Cementerio", -el enlutado de la casa mortuoria con olor a desinfectante, los ataúdes lujosísimos, la profusión de coronas, los coches fúnebres de gala con o sin palafreneros de la aristocracia, los discursos fúnebres, el álbum, y todo lo que puede responder a la pompa que ha sustituido a la sencillez de los antiguos tiempos.

De: "Montevideo antiguo : tradiciones y recuerdos." Tomo I, por Isidoro De María. Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social, Montevideo, 1957.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Homenaje a la memoria de Diego Lamas (1910)


Grandiosa manifestación: Aspecto del Cementerio Central de Montevideo, frente a la tumba del valiente Coronel Diego Lamas, en momentos de pronunciarse los discursos.

De: "La Semana", Montevideo, 28/V/1910.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Anochecer

Yacía allí, tendido junto al fuego

En este largo anochecer,

Mirando,

Arder,

- el alma, en pena en el Invierno...

Fuera, 

el desecho temporal mugía;

El mar,

rodaba su incansable trueno:

Y ante la tumba, 

en la estancia en sombra, 

- Como la imagen de mis ideales -

Ardía, 

mi alma, 

en pena, 

en cada leño!

ARMANDO VASSEUR

Del libro "Cantos del otro Yo", 1909.