Este aviso fúnebre fue publicado en el diario madrileño El Imparcial en su edición del 17 de enero de 1885. Allí se anunciaba que niño Miguel Malo subió al cielo e invitaban por ese medio a la ceremonia fúnebre.
lunes, 3 de marzo de 2014
domingo, 2 de marzo de 2014
Esposa católica, esposo protestante
Esta curiosa fotografía fue tomada en un cementerio holandés en el año 1888. Muestra las tumbas de una señora católica y su esposo separados por un muro y unidos por un apretón de manos. La razón es simple: ambas religiones tenían sectores separados dentro del camposanto pero eso no les ha impedido mantenerse unidos más allá de la muerte...
viernes, 28 de febrero de 2014
Las causas de la vejez y de la muerte
Nuestro desmesurado deseo de vivir está en pugna con los achaques de la vejez y la brevedad de la vida. Poseemos el instinto de la vida, pero carecemos del de la muerte. La humanidad entera se estremece ante la muerte, ante el espectro de la degradación física y moral de la vejez. Las mismas religiones solo le han producido un débil consuelo. Predican la resignación ante lo inevitable, y para mitigar el pavor, para satisfacer el deseo innato de vivir, de vivir sin tregua, nos auguran que hemos de renacer en otra vida mejor: la vida eterna. En su inmensa piedad por la pobre humanidad, a la que nada podría consolar de la pérdida de la vida terrenal, estas religiones afirman rotundamente que la otra vida será infinitamente mejor. Sin embargo, ateos y creyentes piden a Dios o a la ciencia que les prolongue la existencia sobre la tierra y les aleje los achaques degradantes de la vejez.
Desgraciadamente, cuando menos hasta estos últimos tiempos, la ciencia se ha mostrado impotente para procurar un remedio a la vejez y alejar el término fatal. Conocemos las causas indirectas de la senectud, los efectos de ciertas dolencias; pero ignoramos completamente la razón íntima de la decadencia de nuestros órganos, decadencia que se produce inevitablemente en una época casi fija. Por encima de las causas banales, queda una incógnita insuperable: ¿Podremos abordarla, podremos penetrar el misterio de nuestro organismo y dar con la causa primordial de nuestra vejez y de nuestra muerte? Únicamente la solución a este problema, al descubrir el secreto de la naturaleza, podría encaminarnos hacia el remedio posible contra el estado senil, que a cierta edad influye lamentablemente sobre nuestro cuerpo.
Por arduo que sea el problema, no debe considerarse fuera del alcance de las investigaciones permitidas a la ciencia. La imposibilidad de conocer el origen de la vida y la aparición del primer ser viviente, en ningún modo debe excluir la posibilidad de descubrir la causa de la muerte. En efecto, el origen de la vida se remonta a millones de años, y actualmente nos es imposible reconstruir las condiciones atmosféricas: calor, humedad, composición del aire, radiaciones, así como el estado de la materia, muy particular en tal circunstancia, que permitieron el surgimiento de la vida.
Por el contrario, la muerte es un fenómeno que en hartas ocasiones nos es dable observar. Nuestro estudio puede extenderse desde el ser más simple al organismo más complicado. Es más, por la experimentación podemos comprobar una hipótesis que nos sugiere la observación: si bien nos es imposible crear artificialmente la vida, artificialmente podemos realizar las condiciones que aceleren o alejen la muerte. La investigación en este sentido está por lo tanto justificada, y el fracaso de las investigaciones anteriores no debe invalidar ningún nuevo esfuerzo que tienda a resolver este problema, el más grave, el más avasallador para la humanidad.
De "A la Conquista de la Vida" por el Dr. Sergio Voronoff; Editorial Claridad, Buenos Aires, s/f.
martes, 25 de febrero de 2014
El Retrato y la Muerte
Título: "El Retrato y la Muerte"
Autora: Virginia de la Cruz Lichet
Editorial: Temporae
Lugar: Madrid
Año: 2013
En el pasado, cuando un ser querido moría, los que velaban su cuerpo
pedían a un profesional que sacara una foto del cuerpo antes de ser
enterrado. Los motivos eran varios pero solo dos importantes. Lo primero
que hay que tener en cuenta es que la muerte no era algo tan ajeno. Era
rutina. El que perdía a un hijo, a un hermano o a una madre quería
tener una imagen suya como recuerdo, “para no olvidar su cara”. Por qué
no sacaban una fotografía de esa persona en vida es una pregunta que nos
hacemos ahora pero que no se formulaban entonces. No se podían permitir
tener miles de fotos y escogían gastar el poco dinero del que disponían
en la última imagen posible. Segundo, les servía como documento
notarial. Si uno enviaba a las Américas la fotografía del fallecido (o
un álbum del entierro), podía esperar con seguridad un envío de dinero
para pagar todos los gastos.
Todas esas fotografías han llegado hasta nosotros porque la muerte lo
deja todo atrás, pero no fueron hechas para la galería. Formaban parte
de la intimidad familiar. Hoy se conservan en manos de coleccionistas
(algunas cuestan muchísimo dinero) y en vitrinas de museos etnológicos.
Se estudian, se analizan y se catalogan. Las poses obligadas forman
parte de movimientos artísticos. Como ángeles, como la Alicia de
Carroll. Aquí tenemos un álbum recuerdo del entierro de una joven
llamada Josefa Ogea Sisto y en ésta otra podemos observar cómo la luz
incide sobre el perfil. El trabajo de Virginia de la Cruz Lichet es
impecable y muy respetuoso.
Mi aficción por este tipo de fotografías es heredada y, al mismo tiempo, inexplicable. Una vez compartí mi vida con un hombre que rondaba y al que rondaban. No espíritus inexistentes sino recuerdos de la infancia en un cementerio. Me contagió la melancolía y ahora solo siento ternura cuando las miro. Ojalá los demás lo entendieran así también.
Vía: Uno de libros
Mi aficción por este tipo de fotografías es heredada y, al mismo tiempo, inexplicable. Una vez compartí mi vida con un hombre que rondaba y al que rondaban. No espíritus inexistentes sino recuerdos de la infancia en un cementerio. Me contagió la melancolía y ahora solo siento ternura cuando las miro. Ojalá los demás lo entendieran así también.
Vía: Uno de libros
sábado, 15 de febrero de 2014
Mussolini, último acto
Título: "Mussolini, último acto"
Autor: Luciano Boccardini
La ejecución se realizó el 28 de abril de 1945; según la versión oficial, Mussolini fue fusilado, junto a Clara Petacci, en Giulino di Mezzegra, cerca de Dongo.
El método casi secreto y expeditivo de la ejecución fue decidido por la
presunta intención de los Aliados de capturar vivo a Mussolini y
procesarlo ante un tribunal internacional (con la posibilidad que fuese
condenado a una pena menor o absuelto), mientras muchos partisanos
exigían por el contrario que se aplicase pena de muerte al Duce tal como había sido decretada por el Comité de Liberación Italiano El sueño del Duce, un líder tragicómico, había terminado. Así terminan los tiranos....
miércoles, 15 de enero de 2014
La última milla de un corredor
Jim Kelley, un conocido corredor de
Cascade Townships, en Michigan, Estados Unidos, fue atropellado mientras
cruzaba la calle y murió. Tenía 51 años y una miríada de amigos que
decidieron acompañarlo a su morada final de la mejor forma en que los
que se quedan pueden honrar a un corredor: ¡Corriendo! Kelley debió distraerse un instante, y en ello le fue la vida.
Eran las 6:15 pm de la tarde, pero estaba ya oscuro. El vehículo que lo
arrolló tenía la luz verde y no había ni rastros de alcohol en el
conductor. Además, Kelley no solía usar ropa reflectiva (reflejante)
además de los llamativos shorts con el estampado de una bandera estadounidense que llevaba a todos lados.
La esposa de Kelley pidió a los asistentes a la
ceremonia que acudieran al funeral en shorts o licras, zapatos para
correr, sudaderas o camisetas y los dolientes, en su mayor parte
corredores, así lo hicieron. Cuando estaban a las puertas del cementerio, el organizador de la ceremonia fúnebre dijo
a todos que el sitio de la inhumación estaba a una milla de distancia
solamente, y propuso al grupo trotar ese tramo tras la carroza fúnebre
en honor de Jim Kelley. Todo el mundo aceptó.
Kelley era famoso por su entusiasmo por correr, por
lo mucho que se preocupaba por los demás, así pudiesen correr sólo medio
kilómetro o un ultramaratón. Sociable, cálido, no fueron pocas las
veces que olvidó sus objetivos personales durante una carrera para
acompañar a un corredor en problemas. Ese tipo de personas que se
preocupan más por los otros que por sí mismos. ¿Qué mejor manera de acompañarlo en su último recorrido que corriendo tras él cuando Jim corrió junto a tantos otros?
Vía: Tecnoculto
viernes, 10 de enero de 2014
Estudiantes victorianos
Vamos a iniciar el año 2014 con esta fotografía de unos estudiantes de medicina del siglo XIX. Parece ser que por entonces era muy del gusto de los estudiantes de entonces el retratarse junto a los cadáveres en las mesas de autopsias o con esqueletos que se usaban en las clases de anatomía. Esto que nos parece de mal gusto en la actualidad, era algo corriente en la sociedad victoriana del siglo XIX cuando se valoraba a la muerte de una manera muy distinta a la actual...
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